Por Raúl Cremoux
Empujado por la intensa, añeja y fraterna relación que mantiene con Felipe Calderón, las afirmaciones de hace sólo dos años en el sentido de que no le interesaba ser candidato presidencial de su partido se doblaron hasta reconocer lo contrario: sí, sí le interesa ser el abanderado de Acción Nacional.
Lo decisivo —dijo Ernesto Cordero— no se trata de un asunto personal, sino continuar con el proyecto. ¿Cuál proyecto? Pudiera ser elevar el número de muertos y heridos en la guerra contra el narco y elevar la cifra, quizás a cien o 170 mil cadáveres. También pudiera ser terminar con el monumento conmemorativo del Bicentenario, la inconclusa Estela de Luz que debió inaugurarse en septiembre del año pasado; quizás dar el banderazo de salida a la prometida refinería que debería alzarse en Hidalgo; pudiera ser crear los empleos prometidos.
Como sea, el alma de Cordero está alimentada por continuar con los planes de su patrón y sobre todo leal amigo. Para ello, primero debe dar alcance en las encuestas que marcan a Santiago y sobre todo a Josefina que está a más de 25 puntos de distancia entre las preferencias panistas. Se requiere ánimo, mucho ánimo para conocer primero y más tarde convencer a los panistas. ¿Qué les dirá? Acaso que es de rancia y enriquecida tradición humanista o quizás que es asiduo lector de Cristhilieb Ibarrola y de Gómez Morín. Por si eso no fuera suficiente, ahí están dos argumentos de a kilo: México es un país de clases medias donde la pobreza es un mito genial y los hogares pueden ser sostenidos con sólo seis mil pesos los cuales son suficientes para el pago de la hipoteca, las letras del auto, las necesidades básicas y por si fuera poco, el pago de las mensualidades en colegios particulares donde los hijos se labrarán un destino afortunado. Igual al suyo. Esgrimir esos preciosos argumentos, requiere también de ánimo, mucho ánimo.
Imaginemos por un momento que don Cordero se alza con el triunfo panista interno y es nombrado candidato. La opinión se preguntará. ¿Lo hizo a fuerza de convencimientos y negociaciones o fue ayudado por su querido amigo Felipe?
¿Realmente es democrático el proceso panista o —Dios no lo quiera— la poderosa y limpia mano desde Los Pinos resolvió el asunto?
Josefina fue despedida de su sitial entre los diputados con una palmadita en la espalda por parte del jefe de las instituciones nacionales, Santiago no alcanzó ni el fuchi. ¿Entre ellos podrán formar una dupla contra don Cordero cuando vean que el interés tiene pies?
De Ernesto Cordero no sabemos que nunca haya incursionado en los riesgosos andamiajes de la estructura política. No ha sido regidor ni edil; tampoco diputado, senador o gobernador. Es decir, carece de la experiencia de gobernar aunque dicen le sobra la de estar detrás de una computadora. Su perfil es de un auténtico tecnócrata, como lo demostró cuando ocupó el puesto en Desarrollo Social, bien alejado de los mundanos olores de los necesitados a los que se refería desde los expedientes que intercambiaba con el INEGI y los correos electrónicos con la FAO.
Imaginemos por un momento que ya es el candidato albiazul, ¿tendrá ánimo para meterse en las peloteras de una población harta de la inseguridad y el desempleo esgrimiendo que a él no lo mueve nada personal sino que está ahí para sacrificarse y continuar con lo realizado por su afectuoso y agradecido amigo Calderón?
Pues necesitará de ánimo, ¡mucho ánimo!
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