Ante la cauda de desgracias

Por Jorge Carrillo Olea

Las fuerzas armadas han estado bajo una lluvia de opiniones adversas generadas por aquellas imprudencias, exceso, abusos y  delitos cometidos por individuos pertenecientes a ellas en el desarrollo de esas execrables tareas que Felipe Calderón irresponsablemente les asignó.

Debe tenerse en cuenta en un ánimo de justicia y así preservar las instituciones, y nunca excusar a individuos, que debemos distinguir entre ambas identidades. Quienes han equivocado sus conductas son individuos, nunca ha sido ni voluntad ni menos una política de las instituciones. Esas instituciones son, junto con otras muy pocas pilares de la patria. Corresponde el preservarlas y fortalecerlas a los más altos intereses nacionales.

Todo esto viene a colación porque en las semanas que estamos viviendo, prácticamente más de la mitad del territorio nacional ha sido dañado por lluvias de cuantía excepcional, con las consecuentes inundaciones y daños humanos y patrimoniales normalmente de los sectores humanos en la más extrema indefensión económica. Decenas de miles de mexicanos de los más humildes se han visto impactados por la angustia de ver sus vidas en peligro y sus escasos bienes en la destrucción.

No deja de impresionar cómo los gobiernos estatales y el federal no han organizado una acometida social para obtener recursos y canalizarlos hacia tanta desgracia. Se trata de efectivo o de bienes sustitutivos y no de los desechos domésticos que en algunas ocasiones hemos visto entregar a manera de auxilio. Esos han sido ejemplos dolorosos por su mezquindad.

Estas semanas, las fuerzas armadas se han batido valientemente en la aplicación de sus planes de auxilio a la población civil, como siempre lo han hecho, con eficiencia, discreción y alto sentido humanitario. Este esfuerzo —que en distintas proporciones se repite año con año respecto de los fenómenos meteorológicos y circunstancialmente en otros casos— siempre ha sido bienvenido por los auxiliados y reconocidos por la opinión pública en general.

Ante la cauda de desgracias, unas de origen criminal y otras por equívocos quehaceres de hombres públicos, el crédito que pareciera asignado en la opinión pública a las noticias ha sido agotado. Ha habido tantas y tan malas y a la vez estridentes noticias que pareciera que tanto los damnificados por las lluvias, sus auxiliadores sociales y los propios esfuerzos de las fuerzas armadas han pasado desapercibidos.

Siendo tales esfuerzos siempre nuevas alentadoras, de destacarse vendrían a despejar aunque fuera parcialmente el sombrío horizonte que hoy enfrentamos. Sería también cumplir con un acto de justicia no sólo hacia dichas fuerzas, sino también el correspondiente a autoridades locales y de manera muy especial a la sociedad solidaria que ha actuado ejemplarmente en asistencia de sus comunidades vulneradas. ¡El buen día meterlo en casa!, reza algún  adagio.

hienca@prodigy.net.mx