Indispensable encontrar cohesión interna

Por Carlos E. Urdiales Villaseñor

Desde que al PRI lo echaron de Los Pinos hace casi dos sexenios, muchos miembros y simpatizantes del otrora partidazo se preguntaban ¿cómo volver a encontrar la cohesión interna indispensable en toda batalla electoral? Las campañas de Francisco Labastida en 2000 y la de Roberto Madrazo en 2006 dan cuenta del costo de la división intestina, de la coexistencia de al menos dos proyectos distintos.

En ambos episodios, pero sobre todo en la elección federal de 2003 al PRI le pintaban bien las cosas, las encuestas ubicaban al tricolor en la senda del triunfo para los siguientes comicios presidenciales. ¿Qué les falló? Todo. El candidato, Roberto Madrazo no era un mal candidato, tenía arraigo, trayectoria, imagen y ganas. Lo acabó la falta de partido, al menos de una estructura partidista cohesionada, unida por el mismo objetivo.

A Madrazo varios gobernadores priístas de entonces le jugaron las contras y apoyaron electoralmente a Felipe Calderón y, sustancialmente, no creyeron en su candidato ni en su proyecto, quizá porque no lo vieron, no les dijeron que había un plan que, para los efectos de los priístas, los vinculaba por conveniencia. Quizá vieron algunos que su nueva calidad de cuasi virreyes políticos, sin un jefe máximo en la Presidencia de la República les favorecia más, les daba y les da, un mayor peso específico frente al poder central.

Tras dos descalabros consecutivos, hoy el PRI y los priístas parecen haber encontrado en Enrique Peña Nieto el factor común que les permita ir en bloque, sin fisuras ni traiciones en el ámbito partidista, a la siguiente elección. El ex gobernador mexiquense cuenta con un número importante de atributos para concitar la unidad en torno a un proyecto de partido y de candidato como hace tiempo no se veía. Tiene liderazgo, pero sobre todo, tiene deudas políticas que cobrar entre sus compañeros, le deben.

Enrique Peña Nieto ha sabido generar espectativas favorables entre los nuevos líderes de facto del partido, para hacer de un triunfo de Peña Nieto el mejor escenario posible para ellos y sus grupos de interés. El joven pero experimentado político ha sabido vestirse de esperanza y, por lo tanto, de opción para las estructuras estratégicas del partido. No se pelea, suma, no resta.

Construye alrededor suyo gratitudes y evita los pasivos de reclamos futuros. Negocia lo mismo con los viejos dinos que con los nuevos, con la nomenclatura política que con la tecnocracia economicista. No es sólo un copete carismático, no es solo producto de la televisión, quien no vea en él aptitudes y capacidades de oficio político tiene el riesgo de equivocarse. El PRI ya tiene candidato aunque lo haga oficial hasta el 5 de febrero. Como dijo Salinas de Gortari hace tiempo y el propio Peña Nieto hace poco, no se hagan bolas!

A pesar de que hoy las encuestas ubican al PRI y al ex gobernador como favoritos en la intención de voto, y que esa ventaja no la tenía ni AMLO hace 6 años, no quiere decir que el triunfo esté con ellos. El PAN, sea con Josefina Vázquez Mota o con Ernesto Cordero les van a dar mucha más pelea de lo que hoy se anticipa. Y desde la izquierda perredista-petista-ex convergente y MORENA todo es un misterio. Pero ni el PRI ni su perfilado candidato tendrán un día de campo el próximo primero de julio, las proyecciones los favorecen y sus probabilidades son altas, sin duda, pero nada se debe dar por descontado, nada.

Cinco minutos de aplausos, 17 de los 19 gobernadores priístas a su lado, los coordinadores parlamentarios, los líderes sectoriales y la cúpula del PRI lo han proyectado como candidato de unidad. Una fractura al interior del PRI lo puede cambiar todo, una catástrofe personal de cualquier índole también. Lo saben y lo sabe, lo cuidan y se cuida, Peña Nieto es hoy por hoy el factor de unidad priísta. Y ese partido en bloque pesa y define. PAN y demás contendientes lo saben y se preparan con lo que tienen para evitar el aparente inevitable regreso tricolor.

Falta ver que puedan, y si lo hacen, lo más importante: ¿para qué?

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