Este arroz ya se coció
Por Alfredo Ríos Camarena
Durante el régimen priísta, las elecciones eran un mero formulismo, pues el candidato que era postulado por el partido mayoritario ganaba las elecciones sin excepción. Por eso, Renato Leduc, en su columna Banqueta con su deliciosa ironía un día escribió que “los Estados Unidos han inventado una maquina que permite conocer los resultados electorales en 24 horas”, pero que “en México tenemos una que nos permite conocer los resultados con una año de anticipación”.
Sin embargo, a partir de la derrota del PRI frente al PAN con la postración de Vicente Fox, el escenario cambió y los partidos políticos, especialmente el PAN y el PRD, crecieron exponencialmente en las dos ultimas elecciones presidenciales; en la pasada, prácticamente fue una disputa entre Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón; ocupamos un tercer lugar con Roberto Madrazo.
Y en la Cámara de Diputados, tuvimos una representación minoritaria, poco más de cien diputados; pero ahí, en esa LX Legislatura, se empezó a demostrar el oficio político de los priístas y su respeto a las instituciones; esto permitió que a pasos agigantados el PRI volviera a resurgir, particularmente con el liderazgo que fue construyendo Enrique Peña Nieto, de tal manera que en este momento todas las encuestas, los sondeos de opinión pública y las opiniones de los especialistas coinciden en que el joven ex gobernador del Estado de México será el candidato y ganará la elección
Así se ven las cosas, pero para que este fenómeno político se convierta en realidad, es necesario fortalecer el PRI y darle contenido ideológico con políticos reconocidos nacionalmente, y sobre todo, con propuestas que puedan satisfacer las necesidades populares a partir del propio ideario priísta; por eso, fue interesante que Peña Nieto dijera que la Constitución de la República es el proyecto de nación; estamos de acuerdo, pero no nos olvidemos que nuestra Constitución le da al Estado nacional una rectoría irrenunciable en materia económica y social, establece —sin la menor duda— la propiedad del Estado nacional sobre los energéticos, y, acota la propiedad privada para que ésta se sujete siempre al interés público; así lo establecen los artículos 25, 26, 27 y 28 de la carta magna.
Es decir, continuar el proyecto constitucional es retomar el modelo económico y político, y para ello se requiere darle una nueva orientación al presupuesto, y sobre todo, es imperativo construir una reforma fiscal en la que los ricos realmente paguen los impuestos, como lo que hoy esta proponiendo el presidente Barack Obama a partir de la declaración del multimillonario Warren Buffett, ojala aquí también nuestros multimillonarios hicieran a un lado sus mezquindades y se decidieran a pagar impuestos.
El Estado tiene la obligación de impulsar una reforma hacendaria que nos permita crecer en libertad, pues hasta hoy, recaudamos caro y poco, estamos en deuda con la nación, pues nuestros parámetros fiscales son ridículos.
El PRI y Peña Nieto están obligados a darle una esperanza cierta al pueblo de México en materia de seguridad, adoptando una estrategia más creíble que la actual; y también tienen que darle a la civilidad política un marco que garantice las acciones partidarias y que impidan que el Congreso paralice las acciones del Ejecutivo, siempre que éstas correspondan a las líneas doctrinarias de la Constitución y de la historia.
Este arroz ya se coció, y se ve, se siente, Enrique presidente; pero no es suficiente, hay que hacer a un lado la soberbia y el triunfalismo, el partido volverá, pero tiene que hacerlo sobre bases sólidas, pues la frivolidad hasta hoy manifestada sólo nos causa a los priístas de toda la vida, desconcierto y duda, queremos un PRI recio en su pensamiento y serio en su acción.
