Por Carlos E. Urdiales Villaseñor
El ex gobernador Enrique Peña Nieto ha mostrado lo que será una constante en su actuar: la prudencia. Cuando la semana pasada anunció por televisión lo que todos esperábamos, lo hizo marcando un estilo que ya se le conocía como gobernante, pero que ahora, como ciudadano, ratifica: quiere volar bajito, sin provocar ninguna falta, ninguna imprudencia que pueda ser llamada acto anticipado de campaña.
¿Qué le preocupa al puntero de las encuestas? Los demás aspirantes a candidaturas presidenciales se han acercado mucho más que él a esa tenue línea que separa la promoción legítima de la ilegalidad electoral.
En el PRD hay un Andrés Manuel López Obrador que hasta mítines organiza para anunciar que participará en las elecciones venideras y sólo matiza diciendo que será el movimiento, así, en genérico.
Ernesto Cordero se hace llamar precandidato, acepta paquetes de firmas que lo apoyan. Ebrard, Vázquez Mota, Creel, Emilio González y hasta el propio priísta Manlio Fabio Beltrones caminan pegaditos a esa frontera. Pero el que más se cuida y cuidará es el ciudadano Peña Nieto.
Por el momento, lo único que conoceremos de su pensamiento y programa político es lo que ha dicho y hecho como gobernador. No habrá pronunciamiento nuevo porque respetará los tiempos del partido. Va a estar, ahí, trabajando pero a la sombra y saliendo areflectores de manera muy selectiva.
El PRI a través de su presidente nacional, Humberto Moreira, ya se encargó de darle el cobijo necesario. Dijo que Peña Nieto se podrá registrar como precandidato en octubre y plegarse a los resolutivos del partido, es decir, el refugio al que el ciudadano Peña ha acudido de inmediato.
Hace seis años, López Obrador era el puntero de las encuestas frente a Roberto Madrazo, del PRI, a Santiago Creel, Felipe Calderón o Francisco Barrio del PAN, pero en ningún sondeo tenía la ventaja que hoy tiene Peña Nieto sobre cualquier potencial adversario.
No sobra enfatizar que las encuestas son solo eso, pero la distancia que lo pone en la cima no la ha tenido nadie desde que se compite en serio por la Presidencia. Sin duda que el en cuartel del ciudadano Peña Nieto han estudiado el caso de López Obrador y de cómo perdió la ventaja, cómo fue alcanzado y rebasado, sus aciertos hasta un año antes y sus yerros en la recta final. Todo eso debe ser una lección de lo que el ciudadano Peña Nieto no puede ni debe hacer.
Pero no será López Obrador su único referente, lo será sin duda él mismo. Ser aplicado como gobernador lo ha puesto donde está. Su estratégico manejo de medios y la polémica relación comercial que mantuvo desde el poder, principalmente con Televisa, los mantendrá, sin duda, aunque en otra tesitura. Sabe que transita bien en términos mediáticos y sabe el alcance que estos tienen. Escoge su discurso según su objetivo y público. No se sale del guión. No se saldrá de él.
Veremos a un ciudadano Peña Nietro evasivo y precavido; hablará, al menos por las próximas semanas, de lo respetuoso que es de los tiempos, así lo demostró cuando gobernador que jamás aceptó que quería ser presidente. Aunque todos lo supiéramos. Es disciplinado, sin duda, no le gana el ego y eso que seguramente pequeño no es. Está rodeado de leales, de estrategas y de muchos que le deben y para quienes ha llegado la hora de corresponder.
Falta tiempo para contrastar las ideas políticas del ciudadano Peña Nieto con, por ejemplo, las del senador Beltrones. Uno propone gobiernos de coalición, el otro cláusula de gobernabilidad. Uno dice que hay que tener el proyecto antes del poder, el otro asegura que el proyecto es la Constitución. Dos formas de mirar y hacer política. A uno se le señala como ligero y mediático, al otro como profundo y sobrio. Quizá veamos ese debate pero problabemente no. Si al ciudadano Peña Nieto todo le sale como la hoja de ruta que trae, entonces habrá en el PRI un candidato de unidad y ese debate, al menos interno, estará de sobra.
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