Patricia Gutiérrez-Otero y Javier Sicilia

Avidez es la palabra más exacta para hablar del motor del sistema de producción neoliberal. A nivel mundial uno de los grandes centros donde la codicia y la avaricia se unen es Wall Street, distrito de Nueva York. Sofisticados juegos se llevan a cabo ahí ya sin moneda contante y sonante de por medio, ni siquiera billetes. Bastan llamadas y mails para afectar empresas, trasnacionales, países y continentes enteros. En cada uno de ellos, el peso recae, finalmente, sobre seres humanos concretos.

Bien susurra la sabiduría popular, cuando alguien se ve afectado directamente, reacciona. Rara vez lo hace cuando el injuriado es el vecino. Aunque sea así y porque así es, resulta prometedor el gran movimiento que ha surgido en la gran Babilonia. El movimiento “Ocupa Wall Street” y el movimiento plural “Somos el 99%”, llamaron a la población a reunirse en Wall Street el día sábado primero de octubre. Respondió gente de diferentes tendencias, colores, creencias, asociaciones, muchos sindicatos. Su lucha, no violenta y que junta sus diversos fines, va contra la avaricia, la avidez y la corrupción de los grupos financieros que forman el uno por ciento intocado e intocable de la población estadounidense. Las grandes masas que han visto reducidos los apoyos gubernamentales a la salud, el empleo y la educación para salvar a las élites, reaccionan.

Personajes de diversas procedencias como la actriz Susan Sarandon, el lingüista Noam Chomsky, el cineasta e investigador Michael Moore, la japonesa Yoko Ono, el escritor Juan Gelman… Hasta los seguidores del movimiento, ahora Asociación Civil Morena, acudieron al llamado de Ocupar Wall Street. En otras ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica se hizo eco del movimiento Occupy Wall Street.

A nivel mundial los cambios se han sucedido en forma de cascada: la primavera del mundo árabe dio la pauta de levantamientos civiles por medios no violentos; en España la gran movilización de los indignados; en México el movimiento arraigado en las víctimas de un pésimo combate al crimen organizado reunido en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad; ahora, finalmente, el pueblo estadounidense… ¿Cuál es el punto que une todas estas movilizaciones y movimientos? Pareciera que no hay algo en común. Sin embargo, retomando la palabra con que iniciamos, la avidez, the greed, presente en el ser humano, pero exacerbada en el sistema neoliberal que la pone como principio mismo de su funcionamiento es la raíz maligna contra la que se están levantando los pueblos. La avidez de ganancias y posesiones, la avidez de poder, la avidez de control, hacen que el uno por ciento subyugue al 99 por ciento. Cada persona debería poder poner un límite a su avidez, pero éste es un esfuerzo de carácter espiritual condenado de antemano por los principios más mundanos que benefician a minorías rapaces. Repensar la economía en términos de decrecimiento se vuelve un imperativo. Retomar el trabajo sobre sí mismo, también.

Además, opinamos que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que nos activemos como sociedad civil…

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