Pero el PRI es el favorito

Por Carlos E. Urdiales Villaseñor

Andrés Manuel López Obrador no es un peligro para México, no lo es y tampoco será un candidato competitivo en el 2012. Ningún otro político mexicano actual tiene la base social que tiene el tabasqueño, ningún panista tiene el nivel de popularidad de López Obrador.

Humberto Moreira dijo una verdad: después de Enrique Peña Nieto, el segundo más mencionado, como respuesta, a quien debe ser presidente, es López Obrador. Pero el primer y segundo lugar del 1 de julio del próximo año será o el PRI o el PAN. ¿Por qué?

En el 2006, el PAN ganó la presidencia por un margen tan pequeño como polémico. Quitando pasiones, el segundo lugar fue para el PRD y su coalición. ¿Cómo es que el PRI pasó de tercer lugar a favorito? Dicen que el PRI cosecha el fruto de dos guerras fallidas, la de Felipe Calderón contra el crimen organizado y la de López Obrador después de julio de 2006.

El PRI no gana por eficiente sino que capitaliza una administración pobre en resultados y la mala fama de una estrategia postelectoral que estuvo dirigida a los duros y no a la población en general, fue un manejo hacia su porra y no hacia el estadio. Por eso el PRI tiene tantas probabilidades de éxito. Y las tiene sin cambiar, sin hacer las cosas diferentes, dice y actúa a la antigüita, a su manera, y le funciona.

Con la presentación del movimiento de López Obrador como asociación civil, paso previo a constituir su propio partido político para vaciar las siglas de PRD, PT y PC, Andrés Manuel vuelve sobre el discurso de la última década: por el bien de todos, primero los pobres. Tiene razón.

La falta de crecimiento económico, la urgencia de empleos, las oportunidades negadas a millones de jovenes, obligan a quien gane la presidencia a replantear una estrategia distinta si es que se quieren ver resultados distintos. Y sí, se tiene que pensar por esa mayoría que tiene lo menos. Esa deuda es del país entero, el tiempo de saldarla ha llegado. Pero no será López Obrador quien encabece ese proyecto.

Morena será partido político para el 2018, será la interpretación de Andrés Manuel de lo que debería ser el PRD sin chuchos, del PT sin su fracción parlamentaria y de lo que fue Convergencia, pero todo con una dirección vertical, unipersonal… La de él y sólo la de él.

Mientras tanto, la elección por venir habrá de ser un ensayo, un posicionamiento aún mayor, pero sobre todo, la implantación en la agenda nacional del tema de mayor justicia social, de menos mercado y más rectoría del gobierno. Y eso no nos viene mal.

El PRI y Humberto Moreira saben que López Obrador es el candidato opositor idóneo; si como pretende López Obrador lograra polarizar la contienda a Peña vs. López Obrador, los panistas se decantarían primero por el de Toluca que por aquél que nunca reconoció al presidente Calderón, primero por Peña Nieto antes que por quien de ursurpadores no los bajó. Para los priístas ver a López Obrador en la boleta es un primer paso hacia la conquista de lo que perdieron hace 12 años. El PAN lo sabe y juega.

Si la disyuntiva final fuera Peña vs. PAN, ¿hacia dónde se irían los votos perredistas y progresistas?

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