Alberto Hïjar Serrano
Desde los sesentas, explica la historiadora y traductora Esther Cimet, “Shifra Goldman” abre brecha como estudiante del doctorado en Historia del Arte en la Universidad de California en Los Ángeles”. Enlista los acontecimientos que van de la Guerra de Vietnam al Che asesinado, del golpe militar en Chile a las dictaduras en América Latina, los levantamientos chicanos, feministas y los movimientos de liberación nacional en Centro y Sudamérica y faltaría la ejemplaridad de Cuba y México donde la lucha armada intentó cambiar las cosas. Shifra Goldman se propuso abrir la historia del arte a lo social, esa vaga denominación que Arnold Hauser propusiera para escandalizar a los formalistas para quienes el arte sólo tiene que ver consigo mismo y a los psicologistas que urden motivaciones personales intimistas para la creación. Las ciencias sociales en aquella fructífera década no sólo pusieron en crisis los funcionalismos mecánicos en las universidades sino alcanzaron a revistas que a la par que pusieron en crisis los procesos revolucionarios, superaron el escolasticismo marxista. Monthly Review, Ramparts y decenas de periódicos de las tribus urbanas, daban a conocer las novedades de las Panteras Negras, de Cuba, del conflicto chino-soviético, de las tropelías yanquis y a la par, calles y plazas, terrenos baldíos transformados en grandes escenarios, daban a entender nuevos usos del cuerpo, nuevas relaciones sociales con música espectacular, cine underground, poesía y signos, muchos signos visuales por todas partes.
Shifra publicó en México su tesis doctoral (1981) titulada Pintura mexicana contemporánea en tiempos de cambio (IPN-Domés). No es casual el encuentro con la editorial dirigida por el ingeniero Eugenio Méndez Docurro, ex director del Instituto Politécnico Nacional y luego Secretario de Comunicaciones del gobierno de López Portillo, encarcelado por desavenencias pasionales con “Jolopo”. En la cárcel, el culto ingeniero, hizo buena amistad con Guillermo Rousset, el marxista y traductor de Ezra Pound con quien planeó la línea editorial de Domés. El libro de Shifra en la Colección Al Margen valora en especial al Movimiento Interiorista cuya máxima expresión es Nueva Presencia encabezado por Arnold Belkin y Francisco Icaza con la inclusión de Rico Lebrun a fines de los sesentas, para proclamar el nuevo humanismo con un manifiesto en una gran hoja plegable semejante a la de solidaridad con la campaña por la libertad de los presos políticos, Siqueiros incluido.
Lo social resultó un eufemismo para incluir lo que ocurría fuera de los museos, galerías famosas, bienales, exposiciones de Estado, en fin, eso que suele llamarse mainstream. Shifra no sólo abordó los centros chicanos, sino que viajó por América Latina al encuentro de organizaciones culturales donde el arte con sus aureolas eurocéntricas era apenas un recurso entre otros, de lo que otro avecindado en California, Herbert Marcuse, llama dimensión estética, esa necesidad de reintegrar la unidad entre placer y producción en general para lo cual urge un trabajo cultural constructor de relaciones sociales solidarias y opuestas a las reducciones mercantiles capitalistas. Shifra animó esto con decenas de artículos y con exposiciones como “Chicano Art Resistance and Affirmation” en la UCLA (1983), para seguir con otras de títulos igual de elocuentes: “Art against apartheid”, “Artist call against U.S. Intervention in Central América”.
En 1994, Shifra puso en orden de libro sus artículos y ensayos a los que tituló Dimensions of the Americas. Art and Social Change in Latin America and the United States. Colega y amiga de ella, Esther Cimet hizo la traducción de las más de 700 páginas como trabajo de investigadora del CENIDIAP-INBA al que la publicación del libro le resultaba imposible con su muy raquítico presupuesto. Hasta 2008, Esther logró el apoyo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y el libro salió con el subtítulo de “Arte y cambio social en América Latina y Estados Unidos en el siglo XX”. El título Perspectivas artísticas del continente americano juega, quizá sin proponérselo, con el sentido geográfico pero también epistémico de continente, tal como Louis Althusser hiciera con el marxismo en la década 60-70. La bibliografía, el índice onomástico, las notas de Esther Cimet, hacen al libro indispensable para los historiadores todos, pero la inoperancia de la distribución de libros y revistas institucionales y las correspondientes direcciones de difusión cultural y prensa, impiden su conocimiento.
Lo social alcanza ya a galerías tan insospechables de subversión como la Casa de España que ocupa una casona muy bien remodelada atrás de la Catedral Metropolitana. Ahí pudieron verse entre agosto y septiembre, las pinturas callejeras de chicanos, europeos y mexicanos, sus videos performáticos, su música insolente e indignada, sus plantillas paródicas o de digna rabia, los cajones de empaque con los letreros reglamentarios y la precisión del transporte de indocumentados como objetos. Shifra Goldman tiene razón al abrir la historia a este rico continente de indignada esperanza emancipatoria. Por esto y más lloramos su muerte no sólo en las mesas redondas sobre Intersticios Urbanos.
19 septiembre 2011
