Patricia Gutiérrez-Otero y Javier Sicilia

¿Época de cambios? ¿Nuevo 68 en el siglo XXI? ¿La predicción maya sobre el 2012? Algo está sucediendo, de eso no hay duda. Desde las movilizaciones ciudadanas en territorios árabes: Túnez, Egipto, Libia…; los movimientos estudiantiles en Puerto Rico y, desde hace tres meses, con una gran fuerza, en Chile; las manifestaciones de los indignados españoles; el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en México, y, ahora en el corazón mismo del sistema del que salen, como de una manzana podrida, los devastadores gusanos de una economía basada en la avidez y en la corrupción, los estadounidenses se unen al clamor generalizado bajo la consigna de occupy wall street. El sueño americano ha colapsado en su propio territorio. No queremos decir que alguna vez haya funcionado del todo bien. Pero, ahora, el derrumbe no puede ser eludido. Obama mismo aceptó que ocupa wall street es la manifestación del descontento generalizado de los norteamericanos.

La imagen que nos vendieron a través de los medios, que se extendió por todo el mundo, de un desarrollo continuo de tecnologías cada vez más avanzadas a través del cual se lograría no sólo erradicar la miseria y la pobreza, sino también lograr un estado de bienestar for every body in the world, se ha mostrado falaz. Comida hay, y en abundancia. La leche producida en México se tira en las barrancas, pues es más barato comprar la subsidiada que se trae de países escandinavos. Ahora nos venden la idea de los alimentos transgénicos. No importa si son buenos o no para la salud, lo que nos interesa es que, otra vez esas hermanas, avidez y corrupción, sentadas cómodamente en el ser humano, sin que moderación y honestidad puedan ponerles un freno, lograrán que grandes monopolios capturen la capacidad de producción autónoma. Nueva tienda de raya: los campesinos se verán obligados a comprar sus semillas, acompañadas por otros insumos, sin lo cual no podrán sembrar: las semillas transgénicas se hacen infértiles tecnológicamente.

Cambiar el imaginario de crecimiento económico y bonanza, traducida en felicidad, que durante el siglo pasado nos inculcaron implacable y cautelosamente, es lo que está cambiando. Otro tipo de conciencia está naciendo. Ya Gandhi y otros grandes maestros gritaron que ése no era el camino, sino el de la moderación. Pero, a quién le dan pan que llore… Y ahora, henos envueltos en un mundo que no nos hace felices. Un mundo roto. La violencia del crimen organizado es también hija de la avidez. Es también hija del espíritu de Wall Street. Es hija de ese imaginario. Les recomendamos ampliamente entrar en el sitio descrecimiento.blogspot.com o el correo electrónico del grupo descrecimiento, fundado por Miguel Valencia: decrecimiento@googlegroups.com
No perdamos el impulso que este momento nos da para cambiar nuestra percepción de lo que es una buena vida.
Además, opinamos que se respeten los acuerdos de San Andrés, se respete a las comunidades indígenas autónomas, se lleve a cabo un combate integral al crimen organizado…