Por Obdulio Avila Mayo

No caer en provocaciones, no exacerbarse, ni dejar que se les caliente la cabeza, exige en candidato mediático del priísmo a sus correligionarios, una medida precautoria, pues sabe bien que de seguir con el ánimo encendido, el pasado puede regresar en forma de hechos comprobables, los cuales evidentemente lo sacarían de su zona de confort que ha procurado mantener ante la opinión pública.

Señalan que el Presidente está golpeando; sin embargo, el presidente emanado del humanismo político sólo señala lo que todo el mundo sabe: en donde gobierna y ha gobernado el PRI el narco florece.

El Presidente no está descubriendo el hilo negro, está combatiendo decididamente la herencia de corrupción y de ilegalidad dejada por 70 años de gobiernos tricolores, gobiernos que pactaron y permitieron que el narco se infiltrara y se sofisticara a los niveles que hoy conocemos.

Los priístas hoy se espantan, descalifican y se deslindan de sus declaraciones y acciones, mientras en privado señalan tener la solución; decididamente apuestan a la pax narca, a la negociación de territorio, mientras que en la esfera pública no han sido capaces de decir de frente cómo sería su estrategia contra la enfermedad que ellos incubaron.

Los priístas pretenden que pasen desapercibidos estados como Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Durango y  Coahuila, estados donde la presencia del narcotráfico es evidente y ha infiltrado prácticamente todas las esferas sociales.
Lo que este país exige es que cada servidor público y actor político sea responsable de lo que dice; el Presidente de la República  simplemente habla con honestidad, de frente y con las manos limpias, señalando lo que todos saben y lo que los priístas dicen en privado pero no sostienen en público.

Presidente del PAN en el DF
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