Granados Chapa
Por Humberto Musacchio
Murió Miguel Angel Granados Chapa y se cierra así toda una época de nuestro periodismo, pues el ejercicio profesional del pachuqueño fue causa y efecto de los grandes cambios ocurridos en la prensa y en la sociedad mexicana durante los últimos cuarenta años, cuando pasamos de la censura asfixiante a la conquista de amplios espacios para la libertad de expresión.
En el Excélsior dirigido por Julio Scherer García y en el Proceso de los primeros meses brilló el talento de Granados Chapa, quien dejó el semanario para incorporarse al equipo de Siempre!, invitado por don José Pages Llergo. Fue también jefe de noticieros del Canal 11 y después Fernando Solana, entonces titular de la Secretaría de Educación Pública, lo designó director de Radio Eduación, emisora que renovó con la grandeza que solía desplegar en todas sus actividades.
En 1977 inició la publicación de su columna Plaza Pública en Cine Mundial, de donde pasó a Unomásuno, periódico del que fue coordinador editorial y subdirector. Su participación fue determinante en el nacimiento La Jornada, diario que engrandeció con su talento hasta que salió de ahí, después de que el cacicazgo de Carlos Payán y sus paniaguados le cerrara el paso hacia la dirección general que durante varios años ejerció con rotunda brillantez, sin requerir del título.
Tuvo un paso fugaz pero inolvidable por El Financiero, donde creó la edición sabatina de la que se retiró en el primer número por diferencias propias de su celo profesional. Colaboraba en El Norte de Monterrey y cuando se anunció la aparición de Reforma en la ciudad de México. En este diario, Miguel Angel ocupó un lugar destacado con su Plaza Pública hasta el pasado viernes 14, cuando se despidió de sus lectores.
Poco recordados han sido en estos días sus aportes a la teoría de la comunicación, los que se vaciaron en la cátedra, en conferencias irrepetibles y en varios libros donde reunió algunos de sus textos sobre el tema. Son numerosos los alumnos que lo recuerdan con el respeto y el afecto que merecen los buenos maestros, pues Miguel le dio varios años a la docencia en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y luego en la ENEP Acatlán, ahora Facultad de Estudios Superiores de la misma Universidad.
En suma, Miguel Angel Granados Chapa fue un hombre poliédrico, un periodista ejemplar por su cultura, la solidez de sus fuentes y su agudeza, un amante de la música, un padre amoroso y un amigo leal. En el periodismo, bien se sabe, nadie es insustituible, pero hay huecos muy difíciles de llenar. El que deja Miguel Angel es de esos.
