En 950 ciudades de 85 países, jóvenes protestan contra el sistema financiero internacional
Por Bernardo González Solano
“Las personas que han salido a las calles en todo el mundo hoy (sábado 15 de octubre 2011) han hecho historia”, resumió, como si fuera un tweet, el portavoz de una de las organizaciones claves el 15-M (15 de mayo) en Madrid, la cuna de este sorprendente movimiento de los indignados de la tierra, afortunada palabra que mucho debe al panfleto del nonagenario francés, de origen alemán, Stéphane Hessel, Indignez-Vous!, aparecido en 2010, que en poco tiempo se convirtió en una especie de manifiesto de la juventud de todos los lares, “como un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica”.
Hoy por hoy, el lema que recorre los cuatro puntos cardinales es: “¡indígnate! , ¡indígnate!”. Ni el revolucionario Frantz Fanon lo hubiera escrito mejor en Los condenados de la Tierra).
Cambio global
En más 950 ciudades de 85 países, los ciudadanos del mundo respondieron al llamamiento de los indignados españoles a manifestarse, pacíficamente, el sábado 15 de octubre: “United for a Global Change” (“Todos juntos para el cambio global”). Los nuevos medios de comunicación que funcionan gracias a la Internet hicieron su tarea.
Cincos meses justos después de su nacimiento, el 15 de mayo último, cuando una manifestación que denunciaba la dictadura de los mercados desembocó en la ocupación pacífica de la madrileña Puerta del Sol, el movimiento de reivindicación ciudadana no ha cambiado de objetivo.
En un manifiesto, traducido a dieciocho idiomas, se reclama “una verdadera democracia… Unidos a una sola voz, haremos saber a los políticos y a las élites financieras que sirven, que es, a nosotros, el pueblo, al que le corresponde decidir nuestro futuro”.
De tal suerte, los indignados españoles y el resto del mundo han comprobado que Grecia, Italia, Chile, Israel, México, Australia, y varias decenas más, incluyendo muchas urbes estadounidenses, sobre todo Nueva York, con el movimiento Occupy Wall Street, han tomado la antorcha de la resistencia ciudadana sintiéndose más fuertes y legítimos que nunca.
“Esto demuestra que nuestras reclamaciones no son solamente españolas. Repartidos en el mundo, nuestros derechos a la alimentación, a la vivienda, a la protección social, son burlados”, declara el portavoz de Democracia Real Ahora, Carlos Paredes.
El hecho es que el movimiento adquirió connotaciones planetarias y tiende a manifestarse en todas partes. Con miles y miles de manifestantes por todo el mundo, el movimiento de los indignados se hizo patente en todos los continentes. Fuera de Ginebra, Miami, París (a pocos pasos de la alcaldía), Sarajevo, Zúrich, Atenas, Lisboa, México (los centenares de indignados mexicanos eligieron el renovado Monumento de la Revolución como plaza pública), Lima, Santiago, Hong Kong, Tokio, Sidney, los manifestantes hicieron patente su voluntad de continuar el movimiento hasta donde sea necesario
En Londres, en el corazón de la City —el barrio financiero y económico londinense—, varios centenares de indignados pasaron la noche de sábado a domingo 16 en el atrio de la catedral de San Pablo, levantaron 70 tiendas después de la reunión de dos mil personas que inopinadamente recibieron el apoyo del fundador de WikiLeaks, Julián Assange, que se encuentra en libertad condicional en una casa cercana a la capital inglesa.
A su vez, en Francfort, 200 indignados montaron una treintena de tiendas frente a la sede del Banco Central Europeo; un día antes, en Berlín, se reunieron alrededor de 10 mil personas. Otras carpas también se levantaron en la plaza de la Bolsa en Amsterdam.
En el corazón del capitalismo
En Nueva York, Times Square fue invadida el sábado en la tarde por miles de indignados y la policía procedió a efectuar 70 detenciones aunque inmediatamente las liberaron. En Washington llegaron 300 personas frente a la Casa Blanca Antes de reunirse con otros manifestantes.
Asimismo, varios centenares de manifestantes marcharon en el barrio neoyorquino de Manhattan para llevar el movimiento Ocuppy Wall Street (Ocupemos Wall Street) a la zona donde residen varios de los más ricos empresarios de la Unión Americana. Galvanizados por la represión de la que fueron objeto sus compañeros de protesta en Boston en la noche del lunes 10 al martes 11, los indignados estadounidenses cruzaron una parte del Upper East Side donde viven, entre otros, el truculento magnate de la prensa, de origen australiano, Rupert Murdoch y el industrial conservador David Koch.
Frente a la lujosa mansión del jefe ejecutivo de la consultora JF Morgan, Jamie Dimon, los indignados corearon: “¡JF Morgan no eres bueno, la gente quiere un Robín Hood!”). Por el mismo rumbo de la gran manzana vive el alcalde de la ciudad, Michel Bloomberg, que por cierto se negó a desalojar a los manifestantes de la plaza Zucotti decisión que los indignados consideraron como victoria.
Violencia y caos en Roma
No obstante, no en todos los lugares las manifestaciones fueron pacificas. Roma fue la excepción. La urbe de Rómulo y Remo fue el teatro de una violenta guerrilla urbana que sembró disturbios durante más de cinco horas en una de las partes más sagrados de la Ciudad Eterna: el barrio de San Juan de Letrán, la segunda basílica de la capital.
El domingo 16, los periódicos italianos titulaban el estupor y enojo de los romanos: “Violencia extrema, guerrilla en Roma”; “Los Black Blocs devastan Roma”; “Violencia y miedo, Roma herida”. El balance es pesado: un centenar de heridos, tres en estado grave, doce arrestos…
Al medio día del sábado 15, un cortejo de varias decenas de millares de personas reunidos en los alrededores de la estación ferroviaria de Termini, se movilizó para llegar a la basílica San Juan de Letrán pasando frente al Coliseo. Al iniciarse, la manifestación era tranquila, festiva, con los padres cargando a sus hijos sobre las espaldas, muchos jóvenes, estudiantes y un bosque de banderolas. “Queremos un futuro sin deudas”, decía una de ellas. Pero, enseguida todo cambió. Centenares de activistas de los Black Blocs se infiltraron en pequeños grupos. Vestidos de negro, con cascos de motociclistas y pasamontañas, armados con zapapicos y barras de hierro, portando bandoleras con piedras, petardos y cocteles Molotov, eran fáciles de reconocer. No les importaba mezclarse con los manifestantes. Además, no había nadie que les impidiera el paso. Realizaban sus actos en silencio, según un plan bien estudiado. Exactamente como hicieron en su primera aparición en Italia, en julio de 2010, con motivo del G8 de Génova, enlutada por la muerte de un joven, Carlo Giuliani.
De repente se incendia un vehículo, después otro. Altas llamas se elevan en medio de la muchedumbre, iniciando el pánico. Las vidrieras de bancos fueron rotas, un supermercado saqueado, un edificio administrativo destruido por el fuego. Manifestantes pacíficos que trataron de intervenir fueron golpeados.
Otro perdió los dedos de la mano derecha al tratar de regresar un petardo. La iglesia de los Santos Marcelino y Pedro fue saqueada; una estatua de yeso de la Virgen de Lourdes fue sacada a la calle, quebrada y pateada. Los bomberos sufrieron para intervenir. En la plaza de San Juan de Letrán, un vehículo blindado de los carabinieri fue incendiado por un coctel Molotov. Los dos carabineros a bordo del vehículo apenas tuvieron tiempo de salir. Cuando las fuerzas del orden recuperaron el control, las calles estaban llenas de piedras, barras de hierro y postes de señales urbanas.
Aprovechando el momento, el desprestigiado jefe del Estado, Silvio Berlusconi, trinó contra las “violencias inadmisibles” y exigió “identificar y castigar a los criminales”.
Por su parte, al juzgar “muy lamentables“ los incidentes en Roma, el gobernador del Banco en Italia, Mario Draghi —que el mes próximo tomará la jefatura del Banco Central Europeo— declaró que “comprendía” esta “indignación” que se expresó en varias partes de la ciudad y del mundo y “esta cólera contra el mundo de las finanzas”.
Draghi no es el único que ha expresado su “comprensión” ante las manifestaciones de los indignados. El propio presidente de Estados Unidos, Barack Husein Obama, dijo el jueves 6 de este mes, en Washington, en su primera alusión a las protestas organizadas bajo el lema “Ocupa Wall Street”, que ese movimiento “refleja la frustración” del pueblo estadounidense por la peor crisis económica desde la Gra Depresión de 1929.
