Patricia Gutiérrez-Otero
A don Miguel Ángel Granados Chapa, por todo lo que nos enseñó y todo lo que dio. Descanse en paz.
He visto las imágenes y los videos, he escuchado y leído los discursos, y digo, con Sicilia, en entrevista con Carmen Aristegui el mismo día del Segundo Encuentro con el ejecutivo en Chapultepec: “me siento triste”. Me siento triste porque los diálogos por los que muchos hemos apostado, parece que para el ejecutivo y gran parte de su equipo son un juego de mesa.
Lo que se vio el viernes 14 de octubre en el Castillo de Chapultepec no fue alentador. El lugar mostraba claramente la posición del gobierno: granaderos recibiendo al Movimiento en marcha, policías rodeando el lugar, cateo a los miembros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, “como si fuéramos delincuentes”, apuntó una de las víctimas. La amenaza de Javier Sicilia de retirarse ante esta situación, moduló la rudeza en el trato. Parafraseando a los Evangelios: “si así tratan a los mensajeros, cómo trataran a los más humildes”. Si los que están, por el momento, bajo los reflectores de cada vez menos medios, son tratados así, cómo se trata al que no tiene rostro público.
Aparecen ahora los posicionamientos de las mesas de trabajo del Movimiento en diálogo con el gobierno: desalentador. Pocos avances, falta de verdadera apertura por parte del gobierno: “Por desgracia, durante las mesas de trabajo, los representantes del Gobierno Federal se limitaron sólo a discutir con nosotros la necesidad de una Ley de Víctimas” (mesa 2: atención a víctimas). Sólo se llegó a dos acuerdos, en gran parte, porque no se llegó a una definición de víctima: “sobre todo por la resistencia de los representantes del Gobierno Federal a asumir que existen víctimas del abuso de poder o de violaciones a los derechos humanos, es decir, víctimas de funcionarios con nombre y apellido, militares o cuerpos policiacos, federales o locales. Desde el intento por llegar a una definición de víctima aparecen las graves diferencias de valores que sostiene su gobierno (dirigiéndose a Calderón) y los que postula el movimiento: mientras que para el gobierno las víctimas son producto del crimen organizado y daños colaterales, sujetos a una enredada jusrisprudencia, para el movimiento se trata de personas, concretas, seres humanos con rostro e historia personal”.
“Las personas del Movimiento que participamos en la Mesa 4 (‘Democracia participativa, democracia representativa y democracia en los medios de comunicación’, animada por Clara Jusidman) lamentamos que un proceso de diálogo que inició con buenos augurios haya concluido con un enorme desconcierto y con incertidumbre respecto de las respuestas que el Ejecutivo Federal se comprometió a entregarnos”.
“Nos preocupa que no se haya retomado el diálogo con las defensoras y defensores de derechos humanos en la Secretaría de Gobernación, para concretar por fin un Mecanismo de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos, como parte de las acciones y propuestas del Gobierno a los temas planteados en esa materia por el Movimiento (mesa 3, Estrategia Nacional de Seguridad con énfasis en el fortalecimiento del tejido social, animada por Miguel Concha).
No quiero cerrar esta entrega sin decir que si para algunos el diálogo puede ser un juego de mesa, para muchos otros, no lo es, y, a pesar de dar dos pasitos pa’ delante y un pasito pa’ atrás, se ha avanzado. La sociedad civil, aquí y en el mundo, se está empoderando sin pedir permiso.
Además, opinamos que se respeten los Acuerdos de San Andrés, a los pueblos indígenas y sus derechos comunitarios, que se limite el ejercicio de las transnacionales y los monopolios, y que se respete la palabra dada.
