Juan José Reyes

El periodismo político mexicano ha sido invadido por el vocerío de las charlas de café o las sobremesas, desplegadas por profesionales que confunden el arrebato con el análisis. Esta forma de hacer públicas las opiniones, además, ha seguido siendo acompañada por las visiones sesgadas de muchos llamados “analistas” que, más que posturas determinadas (muchas veces inevitables, y nunca censurables en primera instancia), expresan lo que “conviene” decir, a favor o en contra de algún personaje o de algún partido. Entre la ocurrencia y el acatamiento de líneas transcurre pues este modo de hacer periodismo que no deja de poblar páginas y ondas radiofónicas sobre todo.

Ante este escenario más bien desolador el trabajo de Miguel Ángel Granados Chapa es una extraña perla. Lo sería de todas formas, a la luz de su buen decir y su estricto profesionalismo, pero lo es más aún por una cuestión de principio, situada en su propia definición. No ha habido asunto del que haya hablado que Granados Chapa no pusiera antes a examen y “documentado”, como se dice en la jerga, en todos sus detalles. Las opiniones de este periodista acompañan sin falta a pormenorizadas investigaciones, en ellas se sustentan. Y luego, sólo luego son puestas en circulación pública del mejor modo posible. Habría que decir en este punto que del único modo posible. Entre los deberes primeros del periodista, entre los que cuenta aquel trabajo de sustentación, está, y no en segundo plano, el de la expresión correcta, fiel a la inteligencia e inclusive —es el caso muy claramente— a una elegancia maciza y cortés, puesta en compañía de la precisión. Si los artículos de Granados Chapa están marcados por los más informados puntos de partida, la prosa con que cursan son leales a la vez a la anhelada veracidad y a la presunta inteligencia del lector.

A la seriedad que no deja de brillar en sus textos, el periodista sumó un buen sentido del humor, agazapado en el curso de los días, nutriendo aquella visión crítica ajena a la risotada, al falso alarde o a la queja lastimera que esconde a la denuncia de lo que habría que combatir.

La muerte de Miguel Ángel Granados Chapa duele a sus millares de lectores y a sus amigos, al tiempo en que dará fugaz respiro a políticos, de derecha los más, y también a no pocos investidos de izquierdismo. Su ausencia es y será lamentable.