Alejandro Alvarado
La concepción de la desaparición física —la muerte, en otras palabras—, ¿qué significa para los artistas?, ¿cuál es su opinión de la tradición de Día de Muertos? Algunos de ellos nos dieron sus respuestas:
La muerte se ha convertido, a través de los años, en una de las fiestas más extraordinarias y profundas del mexicano; con esto no quiero decir que antes no haya existido. Siempre se ha acompañado, no festejado, sino recordado a los muertos; pero sabemos que los últimos tiempos esa predilección de los mexicanos la hemos tomado, incluso, como un reto, nos reímos de ella y afirmamos que no le tememos, con lo cual yo no estoy de acuerdo. Creo que con la aparición de José Guadalupe Posadas y sus famosos grabados, la muerte alcanzó un significado universal para acercarse un poco a la idiosincrasia y a la manera de pensar y sentir al respecto del mexicano. Se le toma un poco también como broma, como juego. Somos tan irrespetuosos con ella que hasta nos la comemos en dulce, pero los mexicanos que sí sienten a fondo esas fechas —no los que van como turistas a Mixquic y al Lago de Pátzcuaro—, son los que adornan las tumbas, los que preparan comida para que la disfruten los familiares que van a venir a visitarlos, sí sienten profundamente la muerte en ese sentido y no juegan con ella. Le tememos todos y la esperamos más tarde o más pronto que tarde. Creo que la muerte es la vida más larga que uno disfruta, porque esta vida es muy corta y se vive y se derrama muy pronto; pero de la otra quizá no regresemos nunca…
Dionicio Morales (poeta)
Es quizá la manifestación más importante de la vida pues no existiría una sin la otra y, ya sé que es un lugar común, la manera de contemplar la muerte en nuestro país se da porque cultivamos muchas culturas. Admiro la contemplación que en general los mexicanos le ofrecemos: de humor y de burla. No me importa lo que exista después de la vida; no me importan los angelitos ni el Espíritu Santo. Ellos me importan un soberano demonio. Me gusta la vida en la medida que la vivas.
Óscar Chávez (cantante)
Debe ser muy desagradable morirse. Muchas personas estamos muertas antes de que nos sepulten. Yo quisiera vivir a la altura de mis posibilidades (que cada vez son menores) y llegar hasta donde el cuerpo y el espíritu lo permitan, haciendo mis tareas lo mejor posible y siempre con buena cara. Me interesa tratar de entender qué cambio se observa en uno mismo. En qué he cambiado de mis cuarenta años a ahora que tengo ochenta. ¿Me he vuelto timorato? ¿Me he vuelto reaccionario? Lo que sí me he vuelto es abstemio; lo que me es absolutamente desagradable. Llevo tres o cuatro años de no beber. Más o menos, me he resignado a ello, sin decir que lo acepto con mucho gusto, sino con mucho disgusto. Tanto el vino como el tabaco para mí eran muy importantes. Dejé de fumar hace veinte años. Cuando era joven y empezaba a escribir, yo fumaba al mismo tiempo un cigarro muy suave llamado Belmont y un Faro, un cigarro popular duro, para buscar una combinación entre los dos sabores. Era un salvaje. Dejar de fumar, de beber y de hacer el amor son tres diferentes formas de ir muriendo. Poco a poco disminuyes tu capacidad de trabajo, y cada vez vives menos, menos, menos… Vas muriendo a plazos. Hasta que un día desapareces y nadie se da cuenta.
Emmanuel Carballo (crítico literario)
No me quiero morir porque todavía me gustaría hacer muchas cosas. Aunque creo que la muerte también pertenece a la vida. Después de ella qué viene, quién sabe. Desde luego, estoy consciente y acepto que un día tiene que venir a recogerme. Me tengo que cuidar por la historia que traigo atrás. Antes de cumplir dos años, el destino me enfrentó a la enfermedad: me encontraron un tumor canceroso y tuvieron que extirparlo. Me acostumbré a convivir con el dolor, a convertirlo en parte de mis sensaciones cotidianas. De los nueve a los quince años me practicaron diferentes operaciones y durante la adolescencia tuve que soportar diferentes instrumentos en la espalda. De repente tengo recaídas; pero, en general, estoy bien. Entraba a los hospitales dispuesta a todo, siempre con valor y optimismo. Cuando se acabaron las operaciones; cuando me aseguraron que ya estaba bien, viví una etapa de mucha angustia, la vida me daba fobia: pensaba que moriría en cualquier momento. Ese pensamiento me impedía estar sola. No salía a la calle por temor a que me ocurriera algo y no hubiera nadie conmigo. Estuve en terapias de psicoanálisis. El sentimiento de pánico era terrible.
Betsy Pecanins (cantante de blues)
No puedo opinar nada sobre la muerte, porque no la he experimentado; pero puedo comentar que hay una muerte desgarradora: la de los amigos, la de los parientes que se van. Como tema literario de la poesía mexicana moderna, quienes leemos poesía sabemos que es un tema fundamental en nuestra cultura: está presente en la obra de José Gorostiza, en la de Xavier Villaurrutia y en la poesía popular. Se ha generado una ceremonia alrededor de ella que guarda el misticismo y las creencias religiosas del mexicano, sintetizadas en las calaveras del 2 de noviembre y en los altares.
David Huerta (Poeta)
La muerte es una preocupación permanente. Es un acontecimiento terrible; y a los que ya estamos viejos nos alarma más. Algunas personas de edad aseguran que es un acto que no les preocupa pero, según mi experiencia, ahora que ya estoy viejo, esto no es así, vivimos sintiendo un temor que es inevitable. Hay una edad en que sabemos que la muerte nos puede llegar en cualquier momento y eso provoca angustia. Aunque la ciencia ha evolucionado mucho para preservar la vida y la capacidad de los médicos actualmente es destacada, eso a nosotros, los de mayor edad, no nos beneficia mucho. Saberlo es una pena y la tienes presente porque a menudo lees en los periódicos que se mueren los amigos de tu misma edad y la noticia te estremece. No quiero morir pero tampoco quiero vivir más años de los que sea capaz de valerme por mí mismo: No me agradaría ser un inválido y que la gente que me reconociera expresara con burla o con lástima: “Ése que va allá es Jorge Manrique”.
Jorge Alberto Manrique (crítico de arte)
Por un lado es una tradición extraña mexicana que tiene que ver con el exorcismo. Si te ríes de la muerte ella nunca te alcanza, y en ese sentido me parece respetable que se integre al hombre con esta visión de los mexicanos. El humor negro con que nos referimos a ella impide que el mal nos golpee más de lo que nos golpea normalmente. Viéndola de esa manera, ¡bienvenida sea! En lo personal no celebro el 2 de noviembre. Tengo mucho miedo de convertir el recuerdo de los que estuvieron vivos en un recuerdo al que le dedicas un día. Prefiero otras maneras de celebrar a mis muertos. Cuando mi muerte venga me gustaría no enterarme de que ya vino a recogerme.
Paco Ignacio Taibo II (escritor)
A los mexicanos la muerte se nos vuelve un vicio. La representamos con la calaverita de azúcar que tiene inscrito nuestro nombre. Sobre ella destaca todo el trabajo que se ha hecho en la gráfica mexicana de lo que es la figura del esqueleto, de la muerte; pero, más allá de eso, pienso que es parte del folclor mexicano que ya está perdiéndose y va quedándose en el pasado. Precisamente estoy leyendo Día de muertos, una antología de Jorge Volpi, y por medio de ella he reflexionado sobre cómo los jóvenes conciben ahora el Día de muertos. Es una fecha que puede ser muy tenebrosa y muy trágica para nuestros ancianos, para nuestra tradición y, en cambio, puede ser una fiesta sin sentido para los jóvenes. Es una celebración que va perdiéndose en nuestras tradiciones, con todo lo que de ello emana.
Raúl Godínez (escritor)
Pienso absolutamente en la muerte todos los días, aunque ahora, en mi vejez, es diferente a la sensación que me provocaba cuando era joven. Actualmente vivo con una preocupación existencial. Conforme voy envejeciendo es más angustioso pensar que llegará el momento en que dejaré forzosamente de existir. La muerte llega y sólo los seres humanos tienen conciencia de ella porque saben que existe. Dios debió habernos privado de esa conciencia como lo hizo con los animales, para que no supiéramos que vamos a morir porque cada vez que se está más cerca del momento y se piensa en él, la piel se estremece. Estamos vivos pero la muerte nos ronda. No pasa una semana sin que muera algún conocido mío y me pregunto ¿Quién será el próximo? Me despierta curiosidad reflexionar sobre las personas famosas que escogen su epitafio. Son gente que seleccionan con tiempo sus últimas palabras que se grabaran en su tumba.
–Y, usted, ¿cuáles quiere que sean las suyas?
–¡No…! ¡Yo no quiero que sea ninguna…!
José Luis Cuevas (artista plástico)
