Ofensivo derroche de propaganda

Por Humberto Musacchio

En todas partes se cuecen habas, y las trifulcas, pleitos y dedazos no son patrimonio exclusivo del PRD. Ahora mismo, en el PRI se despliegan los poderes económicos en busca de establecer como indiscutible una sola candidatura, atropellando las formas y la posibilidad de que los priístas escojan democráticamente a su representante, lo que por supuesto es mucho pedir.

En el PAN las cosas no están mejor. El Gran Dedo se empeña en imponer a su delfín en medio de un ofensivo derroche de propaganda, como si todavía viviéramos en el viejo régimen (el priísmo, como se ve, es una cultura) y como si el presidencialismo absolutista se mantuviera en pie. Por fortuna, los tiempos son otros y la institución presidencial, antes omnipotente, hoy es un cascarón vacío, capaz de hacer daño con decisiones equívocas, pero sin fuerza para imponer sucesor.

Ernesto Cordero es el tapado, pero no porque sea “el bueno”, como antes se decía, sino porque nadie lo conoce y mucho menos se sabe de sus eventuales méritos. En su abono, lo único que se puede decir es que cualquiera puede ser candidato y hasta jefe de Estado. Lo fueron priístas menos que mediocres como Miguel de la Madrid y Ernesto Zedillo o bien sus sucesores panistas, que tienen al país sumido en la pobreza y la violencia.

Lo curioso es que los precandidatos de todos los partidos no se proponen algo distinto en rubros fundamentales. Todos, para congraciarse con la potencia del norte, han anunciado que de llegar a la Silla continuarán alegremente la matanza calderoniana. Todos, con la salvedad de Andrés Manuel López Obrador, han prometido a los magnates de la televisión que les darán más y mayores canonjías. Dicho de otra manera, ante dos poderes fundamentales, Estados Unidos y la televisión mercantil, los precandidatos han optado por agacharse reverentemente, lo que no augura nada bueno para México.

Pero vale insistir en lo que ocurre en el PAN, porque ahí el Comité Ejecutivo Nacional y la Comisión Nacional de Elecciones, con el peregrino argumento de que el padrón de militantes no es confiable, se reservaron la designación de casi la mitad de los candidatos a diputados y una alta proporción de otros cargos, pese a que en otras ocasiones, ante la falta de padrón se optó por elección abierta.

Con esta maniobra y el favoritismo evidente hacia Cordero, todo indica que la dirección albiazul, por indicaciones de Los Pinos, pretende dar un golpe autoritario a los miembros del partido. ¿Lo permitirá Josefina Vázquez Mota, que tiene una amplia ventaja sobre Cordero y el comparsa Santiago Creel?