Sólo el paciente sabe cuánto duele
Por René Anaya
Una de las principales dificultades a las que se enfrentan quienes se dedican a combatir el dolor es que no tienen una forma objetiva de medirlo, pues se trata evidentemente de una sensación subjetiva. Por esa razón, se puede llegar a situaciones en que, por un extremo, se hace caso omiso de la queja del paciente porque se piensa que está fingiendo o, por el otro, se vuelca toda la atención a una persona, aunque se tengan antecedentes de su hipocondría.
Con la finalidad de poder tener una forma de evaluar tanto el dolor como la efectividad de su tratamiento, se han creado escalas de mediciones, todas subjetivas, que contribuyen tanto a afinar el diagnóstico como a determinar la terapia más adecuada. Sin embargo, sólo quien sufre el dolor sabe lo soportable o intolerable que resulta.
Las sutiles escalas del dolor
Hasta ahora no es posible medir el dolor físico y emocional de una manera precisa, únicamente se puede evaluar según las manifestaciones sintomáticas. Por ejemplo, las reclamaciones y demandas del cese de la violencia y desapariciones, por parte de diferentes organizaciones civiles, nos dan una idea muy clara del dolor social que vive el país, pero no del dolor que sienten las personas que han perdido un familiar.
Al margen de esas consideraciones psicosociales, lo cierto es que en la práctica clínica los algólogos (especialistas que se dedican al estudio del dolor) y los médicos que tratan a pacientes con dolores crónicos, tan sólo se pueden dar cierta idea de la intensidad del dolor de las personas a partir de la experiencia subjetiva del paciente.
Los expertos en el dolor han creado escalas de evaluación de su intensidad. La doctora María Antonieta Flores Muñoz refiere en su libro Ahí duele. Una guía para afrontar con éxito el dolor físico y emocional (editorial Terracota, 2010) algunas de las escalas más utilizadas.
En la escala visual análoga se muestra al paciente una línea de diez centímetros de largo y se le pide señale cuánto dolor siente, tomando en consideración que el extremo izquierdo marca la ausencia de dolor y el derecho señala el máximo dolor posible.
Con base en ese principio, se tienen otras escalas, como la visual numérica en la que se pide se asigne un número del 1 al 10 al dolor, en el que 1 es un dolor muy leve, 5 es regular y 10 es insoportable. La escala verbal gráfica consiste en una línea punteada con los textos: “Sin dolor, dolor leve, dolor mediano, dolor severo, el peor dolor posible”, en la que el paciente debe señalar a qué parte corresponde su dolor. Por último, las escalas faciales están diseñadas para niños, jóvenes y adultos analfabetos o que no puedan expresar su dolor de manera numérica. Se trata de un conjunto de caritas que expresan desde alegría hasta una enorme tristeza o sufrimiento, las cuales representan la sensación subjetiva del dolor de menor a mayor intensidad.
Las regiones del dolor
Por supuesto que la evaluación que se realiza con esas escalas no refleja fidedignamente el dolor de la persona, pero sí aporta datos que, analizados junto con la historia clínica, pueden llevar al especialista a un diagnóstico más preciso de la causa del dolor y su tratamiento.
Sin embargo, los algólogos no se conforman con la evaluación subjetiva, por lo que continúan investigando métodos que permitan determinar objetivamente la intensidad del dolor, como lo ha hecho un grupo de expertos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, Estados Unidos, encabezados por el doctor Sean Mackey.
Los investigadores registraron con la resonancia magnética funcional la actividad cerebral de ocho voluntarios, a quienes se les tocó primero con un objeto caliente para determinar las áreas que se activaban ante un estímulo térmico; posteriormente se les tocó con un objeto más caliente que sí resultaba doloroso y se registraron las áreas que se activaban.
Una vez que obtuvieron esos registros, se efectuó el mismo experimento con otros 16 voluntarios. Se descubrió que se activaban las mismas regiones cerebrales ante los estímulos térmico y doloroso, con una precisión mayor a 81 por ciento.
Ante estos resultados, el doctor Mackey ha señalado que “estamos esperanzados en poder usar eventualmente esta tecnología para una mejor detección y tratamiento del dolor crónico”. Sin embargo, también considera que estos resultados se obtuvieron en un laboratorio con condiciones controladas, en tanto que en la vida real los factores que intervienen para tener la sensación de dolor son muy complejos.
Por ahora, se considera que se pueden realizar más experimentos con este método que utiliza la resonancia magnética funcional, con la finalidad de obtener patrones de imágenes cerebrales que se puedan emplear para medir tanto el dolor agudo como el crónico. Entre tanto, se deberán seguir empleando las escalas de evaluación subjetivas, porque sólo quien tiene el dolor sabe lo que siente.
reneanayas@yahoo.com.mx
