Ventaja del PRI

René Avilés Fabila

El diario Excélsior acaba de dar a conocer una encuesta realizada a escala nacional. Sus resultados son normales si vemos con cuidado y objetividad la situación política que prevalece en México. Si hoy los mexicanos tuvieran que elegir presidente de la república, el PRI obtendría el 50% de la votación, mientras que el PAN, partido en el poder, quedaría en 27% y el PRD, en el 16%.

Lo interesante y seguramente polémico es que la encuesta refleja el sentir de los mexicanos antes de que presenciaran el nuevo cochinero del domingo 23 de octubre, donde los perredistas demostraron su alta incivilidad y llegaron a los golpes, insultos y calumnias entre sí. Atrás de este combate que anuló el proceso electoral en cinco entidades, el Distrito Federal incluido, su principal fuente de votos y recursos materiales, nadie ignora que está el sordo choque entre Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador por la candidatura presidencial de las ahora llamadas “izquierdas” que no son otra cosa que las mafias y tribus que integran dicho partido.

De la parte conservadora, de la derecha panista, la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón ha sido más que suficiente para irritar a la población que, en buena medida, considera que no es la forma de acabar con el crimen organizado. Pero tanto o más molesto que esa lucha, está la intromisión del presidente de México en la sucesión presidencial.

De un lado cada vez que puede ataca al PRI y por otro lado, insiste en mantener a un personaje gris y timorato como su delfín, a Ernesto Cordero, quien se ha limitado a retar a golpes al PRI en lugar de ofrecernos propuestas para la superación del país.

El mismo PAN muestra fisuras en su edificio que pueden ampliarse si Calderón insiste con la necedad de imponer a un señor poco capacitado políticamente, en lugar de permitir que sea el partido el que decida quién deberá enfrentar al PRD y al PRI.

Las encuestas, bien lo sabemos, son fotografías de un momento, instantáneas que reflejan el estado de ánimo de la sociedad, según el escenario que tiene al frente. Así es, lo que ahora es válido, puede no serlo dentro de un año. Pero la ventaja que lleva el PRI sobre sus rivales es mucha. Pensemos que el PAN tuvo a bien, en su feroz odio hacia los priístas, en aliarse con los perredistas. De este modo obtuvieron algunas victorias que a la postre no han funcionado. En cada estado donde triunfó esa extraña alianza, ahora hay inquietud y malestar: en ninguno había preparación para una cohabitación incómoda. Puebla y Oaxaca son inmejorables pruebas de que algo no estuvo bien, fuera de vencer al enemigo.

Lo contrario se ve en el PAN y con mayor ferocidad en el PRD. Esto es un estilo que no parece agradarle a las mayorías del país. Sin duda por ello, luego de que PAN y PRD acaben de enlodar sus respectivos procesos de selección interna, los priístas estarán listos para regresar a Los Pinos. Esperemos que hayan cambiado y no sean aquéllos que echamos en 2000 del poder.

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