Entrevista a Francisco José Paoli Bolio/Politólogo y profesor universitario


Irma Ortiz

En días recientes, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó en lo general el dictamen de la reforma política que establece figuras como la consulta popular, iniciativa ciudadana y candidaturas independientes. A diez años de la alternancia política, se discute una de las reformas más importantes del sexenio.

El senador priísta Manlio Fabio Beltrones consideró de “gran calado” la reforma que —dijo— tendrá vida cuando exista la posibilidad de candidaturas independientes y ser candidato a alcalde, senador o presidente sin tener partido político, y quedan pendientes aspectos como la reelección inmediata en puestos de elección popular y la revocación de mandato por lo que panistas y perredistas la califican de insuficiente, por decir lo menos.

Francisco José Paoli Bolio, académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, ex legislador, habla sobre esta reforma, que en opinión de algunos fomenta el presidencialismo. También se refiere al presidencialismo y a la propuesta de formar un gobierno de coalición ya que —apunta— vivimos un panorama de gran debilidad de las instituciones y de los poderes de la Unión.

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Sobre la reducción de 100 diputados propuesta por Enrique Peña Nieto y que ha sido una vieja demanda, ¿qué opina?

No es una mala idea, aunque estrictamente hablando, en términos de representación no sería necesaria porque somos un país de 120 millones de habitantes y tener una Cámara de Diputados con 500 legisladores no es una exageración, puede pensarse como realmente proporcional. Sin embargo, la representación no es el único problema, sino que hay una serie de cuestiones por considerar, por lo cual pensamos que es positivo que se reduzca en cien el número de diputados de representación proporcional.

Los otros cien que quedarían serían suficientes para cumplir con la función primordial de la Cámara de Diputados que es la de dar una proporción equivalente a los votos que recibieron aquellos partidos que no obtuvieron suficientes mayorías.

Doscientos legisladores significa, en un país que tiene tantas necesidades, un gasto un tanto excesivo, no porque el número de diputados que se reduce vaya a hacer que se resuelvan los problemas económicos pero se da un factor de demostración de que los distintos órganos de Estado, se agilizan, se hacen menos pesados.

En este caso, la representación de 400 podría ser suficiente y reduciría el gasto del Estado que se puede dedicar a otras áreas, tal vez del mismo legislativo. Primero, el poder legislativo tiene necesidades que hay que cumplir, por ejemplo necesita técnicos expertos contratados en forma permanente para asesorar en las distintas materias, que tiene muy pocos.

Segundo, hay una serie de elementos que requieren las comisiones que tienen pocos elementos para trabajar: asesores, técnicos y equipos. Hay también la necesidad de gestionar una serie de servicios de los que no dispone el Congreso para que funcione más adecuadamente. El gasto que se reduce puede ser pequeño pero puede ayudar a funcionar mejor la Cámara de Diputados porque un número reducido de diputados pueden llegar más fácilmente a acuerdos.

Es necesario que se den más elementos para profesionalizar al Congreso. Uno de los factores más importantes sería algo que no han aceptado los diputados del PRI, sobre todo en aquellos en los que tiene una gran influencia el ex gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto, que sería la reelección consecutiva de los diputados, tal vez no una reelección permanente, pero sí podría hacerse una reelección por un plazo de 12 años.

Esto ya lo han rechazado en forma constante sobre todo los diputados del PRI y considero que es un error, porque eso junto con otros elementos, podría ayudar a profesionalizar al Congreso, hacerlo más ágil, más ejecutivo, más efectivo, a tomar sus decisiones de mejor manera y también para contar con mejores instrumentos para tomar decisiones que los que tiene ahora.

Hasta ahora, lo aprobado, como la iniciativa popular, las candidaturas independientes, constituye un avance, aunque para otros, el hecho de no incluir la reelección, deja las cosas a medias. 

Están cortando una muy importante reforma, y lo que queda no es poca cosa, pero ciertamente no es lo que está necesitando el país y específicamente estos órganos del Estado, la Cámara de Diputados y la de Senadores. Es necesario establecer una serie de principios y de elementos que permitan esta profesionalización y esta agilización en la toma de decisiones.

Esta reducción de diputados no acabaría con la sobrerrepresentación en el caso de los partidos que tuvieran la mayoría. ¿Coincide con ello?

Con cien diputados se permitiría evitar la sobrerrepresentación y se podría equilibrar. Si se mantiene la norma de que nadie puede tener más de equis cantidad de diputados, más del 60 por ciento, en este caso habría que hacer un cambio constitucional, porque nuestra Carta Magna establece que debe haber 500 legisladores.

Si se reduce a 400, también tiene que haber otros cambios, entre ellos que ningún partido puede tener más de 300 diputados, tal como está ahora. Desde luego que si se reduce a 400, habría que hacer una reducción, que ningún partido podría tener más de equis cifra, pero no más del 60 por ciento. Ganen los que ganen de mayoría relativa, tendría que ajustarse para que los 100 diputados pudieran compensar aquellas candidaturas que quedaron sin acceder por la vía de mayoría relativa y hacerlas que se ajusten a la proporción de votos que recibieron esos partidos.

 

Cultura del presidencialismo

¿Con estas reformas se fortalece el presidencialismo, como lo señala el diputado Porfirio Muñoz Ledo?

No totalmente. El presidencialismo está en la cultura de los mexicanos, es algo que prefieren, que apuestan la mayor parte de los mexicanos de las distintas capas sociales.

El problema del presidencialismo no es sólo la relación entre Ejecutivo y Legislativo, aunque desde luego ahí está una parte importante, sino la cultura política que es presidencialista y es providencial, es decir, está esperando la gente que el presidente de la república resuelva todos los problemas, que goce de todas la provisiones, por eso es providencialista, de todos los bienes y recursos que a la población le está faltando y lo que hace falta es introducir elementos en el sistema que nos lleven a pensar que somos muchos los responsables y no sólo uno.

El gobierno no debe estar en manos sólo de una persona, como dice el artículo 80 —que se depositará el Poder Ejecutivo en una sola persona llamada Presidente de la República—, sino que el gobierno debe depositarse en un grupo más amplio de personas, y dotar a este grupo de responsabilidad, de estímulos, para cooperar y dé responsabilidad. Es lo que está en el fondo, hasta donde yo entiendo, de la propuesta de los gobiernos de coalición.

Hubo un desplegado, publicado hace unas semanas —yo fui de los que suscribió ese desplegado—, que es una propuesta política que busca que las distintas fuerzas políticas en lugar de estarse neutralizando una a la otra, en lugar de bloquearse e impidiendo los acuerdos, colaboren, pero teniendo estímulos para hacerlo y no hay mejores estímulos que el de compartir el poder.

El presidencialismo es no compartir el poder, lo que requerimos ahora es alguna fórmula y no estoy hablando necesariamente de que transitemos de golpe hacia un sistema parlamentario, sino que demos pasos para que haya colaboración entre las distintas fuerzas políticas y también una responsabilidad compartida y esto nos dé, por un lado, gobernabilidad democrática, mucho mayor estabilidad política y también aceptación de la gente, legitimación, porque estamos teniendo poderes bastante impotentes.

Todos ellos son relativamente impotentes, por eso hay que hacerlos cooperar para fortalecerse ambos poderes y sobre todo al Estado, para que éste pueda realizar una reforma fiscal que le dé mayores recursos que pueda emplear en la resolución de los distintos problemas que nuestra población tiene: salud, educación, vivienda, transporte, distintas cosas que necesitamos los ciudadanos y para ello se requiere un Estado fortalecido que ha sido debilitado por distintos factores de poder, o poderes fácticos —como se les llama actualmente— que están no sólo en las empresas o en los monopolios —que ahí están también— sino también se encuentran en grupos sindicales, que se han apoderado de entidades públicas y que no las dejan caminar adecuadamente.

No se ha podido realizar una planeación democrática, ni impulsar la distribución de la riqueza, ni el desarrollo económico. No ha creado instituciones que promuevan mucho más la seguridad social; no puede salir adelante con el problema de los desempleados, no ha podido crear un seguro de desempleo, ni diversas cuestiones de retiro o de incrementar un poco el retiro de los trabajadores.

Estamos ante necesidades muy fuertes y con recursos muy pobres, entre otras cosas porque el Estado no tiene la capacidad para desarrollar las tareas que debiera realizar, de acuerdo con  lo que establece la Constitución, pero sobre todo con lo que establecen los fines del Estado, entre otras cosas la búsqueda de la igualdad, de la justicia, no sólo penal, sino social más amplia para apoyar a los sectores más débiles de la población, no de la misma manera en que se les está apoyando ahora o no solamente así, sino con otros estímulos.

Este es el problema del presidencialismo, un presidencialismo todo poderoso o muy ampliamente poderoso, que disponía de muchos bienes y recursos que podía poner a disposición de amplias capas de la población.

 

Necesitamos desarrollo económico

Estos bienes y recursos se han ido reduciendo, no hemos tenido un desarrollo económico como el que se tuvo en tiempos anteriores, como crecer a un porcentaje muy alto del Producto Interno Bruto, es decir a un 10%, a un 8%, sino que estamos creciendo muy poquito.

Si vemos, por ejemplo, lo que ha pasado en Argentina, que está creciendo a 8% y que han pasado una crisis pavorosa, mayor a lo que México ha vivido, puede encontrar cómo esta reelección que se ha hecho de la doctora Cristina Fernández se debe en gran medida a que la Argentina ha venido en los últimos años progresando, es decir, coinciden con el gobierno de Cristina Fernández y el pueblo ha confirmado en las urnas un triunfo arrollador, que no había habido en los últimos tiempos de un candidato presidencial.

Crear estímulos

Ahí hay un fortalecimiento del sistema presidencial, pero hay otros elementos que están apoyando esta salida y esta esperanza que el pueblo pone en su régimen político. En México tenemos que crear las condiciones no sólo para los políticos, ni para las fuerzas políticas sino para que éstas autoridades sean cada vez más acreditadas, creíbles y confiables por la gente. Se trata de crear estímulos para que la gente crea en sus autoridades y las apoye.

¿Qué clase de estímulos plantearía?

Algunos de ellos ya están contemplados en la reforma política como la iniciativa ciudadana, las candidaturas independientes, pero creo que hay que crear otros estímulos. Es cuestión de revisar un poco más de cerca cómo se gasta el presupuesto.

Hay factores que no siendo muy significativos pueden representar un cierto factor de demostración que traiga mayor esperanza y confianza de la gente, por ejemplo si los diputados redujeran sus salarios; si los servidores públicos disminuyen sus salarios, insisto, no porque con ese decremento se vaya a juntar dinero suficiente para resolver los problemas, pero sí para decir a un pueblo con tantos millones de pobres, que tiene tantas necesidades sin resolver, que no es aceptable que los representantes populares tengan un ingreso en esa proporción.

Se trata de un mensaje moral pero con actos, no con declaraciones, y esos son los estímulos a los que me refiero. Es reducir gastos no sólo con cien diputados, sino dedicar esos recursos para que el poder legislativo funcione mejor.

He estudiado este tema, además fui durante nueve años diputado federal, local y le puedo decir que hacen falta en el Congreso muchos elementos. El Congreso de los diputados en España y el Senado de ese país tienen un cuerpo de asesores que entran por oposición y que verdaderamente son profesionales. Los asesores conocen de las diversas materias, dominan el procedimiento parlamentario, el quehacer en comisiones y pueden aspirar a ocupar una posición de este cuerpo que le llaman de letrados y que constituye una vieja tradición europea, española particularmente.

Este cuerpo de letrados son elementos de carrera, es decir, están permanentemente en el Congreso, es un factor de estabilización, es un elemento de conocimiento del proceso parlamentario, sobre todo que, sin haber reelección, se hacen todavía más necesarios porque en tres años los diputados se van, algunos de ellos aprendieron unas cosas, pero llegan nuevos y tienen que aprender.

Si no va a haber reelección, que sí haya por lo menos una masa o un cuerpo de letrados o como quieran llamarle. En el Congreso de Estados Unidos hay un grupo que se llama Congressional Research Service —servicio congresional de investigación—, que está compuesto por cientos de investigadores, alrededor de 500 especialistas de tiempo completo que también entran por oposición y realizan una carrera, y sobre todo que apoyan a los diputados y senadores.

Tienen una biblioteca verdaderamente extraordinaria, la más importante, que ya no es solo biblioteca, en cuanto que no solo reúne libros, sino revistas con una serie de especializaciones. Tienen por ejemplo una biblioteca jurídica, la Law Library, que reúne la ley de todos los países del mundo para poder hacer derecho comparado, para hacer propuestas de cambios legales, cuando una ley se está retrasando.

Nos hace faltan muchos elementos y no sólo diputados que lleven a sus compadres y a sus amigos de asesores, porque esos indudablemente no les van a poder ayudar en su tarea, les van a ayudar para que salgan adelante con un empleo mucho mejor del que tenían.

Esta cuestión hay que examinarlo con altura de miras, revisarlo con interés en donde todos busquen el bien común, de toda la sociedad, no el bien de unos cuantos grupos. Los asesores de un grupo parlamentario le sirven en sus intereses parciales, pero necesitamos consultores que sean buscadores del interés de la nación.

Habría que hacer una serie de reformas no sólo al Poder Ejecutivo para distribuirlo, para que no sea un gobierno de una sola persona, que por inteligente y capaz que pueda ser, no puede resolver todo, sino que debe distribuirse el gobierno y la responsabilidad en varias personas, por eso hablamos de un gobierno de gabinete o de una coalición de gobierno y también de estos cambios en el Poder Legislativo, que no tiene los suficientes elementos para caminar adecuadamente.