Ajeno es el hombre entre el disfraz de ser hombre
la piedra también se vuelve ajena… y temible
¿cómo saberlo?, ¿en qué manos cae?
la insistente lluvia embriagadora
donde aves y bestias son sueño y verdad
para el que despliega su vuelo
entre botellas de luz etílica
deslumbrantes ecos de hombre
figuras del que soy otro, y otro más,
gesticulaciones a ras de un vuelo nuevo.
La luz, esta herida, abierta como el canto de una ave
petrificadas horas estacas se clavan en risas y nubes
juegos de lenguas, carne viva, vida de tus labios
invitación a morir en un mismo sueño
donde los juegos nacen como hongos
por lluvia embaucadora que convence
a efímeros efectos lucientes
al alba en que todos somos un solo campo
de luminosas flores con mil aromas
enternecedoras y abiertas en la casa del júbilo,
de grandiosos rostros con mil formas
envenenadores y temibles en terreno minado
donde cantos a media luz se fugan
con pasión ridícula de ser otro
soñar despierto con la intoxicación
que me salva de ser yo en medio de otros yo
desconocidos para el que me nombra
desde una ventana también incierta
y que por igual sueña una voz ajena
envuelta en otra música y con otras voces
pero así se compara con el murmullo
del dios venturoso y el hombre honrado
mas ambos son otros que no ven
embriagados por el hombre con disfraz
que sueña el temible sueño de la razón última
escenario lluvioso en que abro las manos
con los brazos extendidos para gozar libre
el gran encanto del alcohol bendecido.

Ricardo Muñoz Munguía