Manual de los gobiernos priístas
Obdulio Avila Mayo
Coahuila se encuentra con una deuda por más de 33 mil millones de pesos, de los cuales no sabemos el destino y mucho menos existe una explicación coherente sobre la falsificación de documentos para obtener el préstamo de tales recursos. En su lugar sólo encontramos simulación y encubrimiento en el gobierno coahuilense.
Sin duda no existe explicación alguna que justifique que el gobierno de un estado recurra a “mecanismos” paralelos para incrementar la deuda pública, mucho menos existe razón lógica para que los implicados sigan en la calle sin pagar por el delito cometido.
Esta actuación deja al descubierto el rostro de ese nuevo PRI, una renovación partidaria que en la búsqueda del poder utiliza todos los recursos a su alcance, aunque en ellos empeñe el futuro y desarrollo de una población.
Es lamentable que hoy veamos que el endeudamiento de Coahuila sirvió sólo para el enriquecimiento de una familia, la cual encontró en las arcas estatales el beneficio personal; por desgracia no es una acción nueva y su implicación va más allá de una contienda electoral.
Se trata de reconocer las acciones de aquellas personas que encabezaron un gobierno y que dejan al descubierto la cara de corrupción que enfrenta el hoy dirigente del PRI.
Se trata de que la ciudadanía reconozca el actuar de aquella persona que fue elegida para dirigir el destino de una entidad, y en hechos concretos se delinea el actuar de los gobiernos tricolores.
En la historia de la deuda coahuilense se encuentra de manera sintetizado el “manual” renovado y aumentado de los gobiernos priístas: se endeuda a la población; manejan y hacen uso de su poder como un auténtico reino; incrementan las clientelas; enriquecimiento ilícito de familias enteras; falsificación de documentos; negociación con grupos criminales, y culpar del todo desastre social y financiero de un estado a la “perversidad” de los de enfrente.
Es este actuar el que hoy sueña con regresar a Los Pinos, que sueña con nuevamente dirigir los destinos de México, una nación que aunque les pese a los dirigentes priístas ya cambió, y la cual no tiene su apuesta en el pasado.
Presidente del PAN en el DF
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