El oficio de ser
Jorge Carrillo Olea
En los últimos días, hemos tenido la oportunidad de ver externarse a dos personajes que mucho llaman la atención: Marcelo Ebrard y Manlio Fabio Beltrones. El primero de ellos en una entrevista en televisión de una hora de duración haciendo planteamientos que revelaron de él ser poseedor de una mente sumamente ordenada, muy bien alimentada y de suaves expresiones en su comunicación.
El otro, Manlio, se dio el lujo de presentar el último de sus libros El futuro es hoy para ser comentado por tres gigantes de la política y de manera muy peculiar, de extremos ideológicos totalmente opuestos y los tres presumidos presidentes de México: Cuauhtémoc Cárdenas, Francisco Labastida y Diego Fernández de Cevallos. Los tres comentaron el texto de la manera más inteligente, solidaria y grata.
Estos dos eventos contrastan con el mutismo de Enrique Peña Nieto obligado por la tormenta desatada por las frivolidades de Humberto Moreira, el que no acaba de entender los alcances de sus actos pasados, como tampoco acaba de aceptar el lastre en que se ha convertido para Peña Nieto con su herencia de escándalo.
Ebrard, con gran serenidad que mucho contrasta con el hoy beatífico Andrés Manuel López Obrador, enfrentó preguntas verdaderamente difíciles y en sus contestaciones salió airoso. Tal vez por su actualidad la más comprometedora fue la referida a si se abriría o no Pemex a la inversión privada, incluida la extranjera. Contundentemente negó cualquier reforma al artículo 27 constitucional.
Manlio planteó que nuestro desafío actual no es únicamente contar con un sistema político con elecciones libres, derechos civiles para la población, garantías de expresión y de reunión, sino también que requerimos de instituciones funcionales, capaces de canalizar las divisiones naturales de cualquier sociedad en forma pacífica y con gobiernos capaces de ejecutar políticas públicas que respondan a las necesidades de la nación en este mundo global. Sólo así se puede impulsar una economía sólida y competitiva, un sistema judicial eficaz y que otorgue certeza jurídica. Hizo para ello gran mérito de lo indispensable de contar con gobiernos de coalición que garantizaran el avance.
Abre bien el mes con esos ejemplos de apertura. No se puede sino señalarlos como ejemplares en un medio político en el que todo es ocultación, evasión y simulación. Naturalmente una golondrina no hace verano, pero el ejemplo es de aplaudirse. Quedan en el tintero de las dudas cómo resolverá el PRD el laberinto de la determinación del método para su elección interna.
El mensaje que quedó sólo sugerido, para los entendidos, fue que ambos disfrutan del mérito de poseer el “oficio de ser”. El oficio de ser políticos, de ser sensibles a las demandas nacionales en esta dificilísima coyuntura, el oficio de ser al dominar los cómos y los con quiénes, aunque esto no se haya especificado. Quedó en el ambiente que son válidos prospectos para lo que aspiran. Dos políticos de talla, indudablemente.
Con sus presentaciones ratifican como verdad que la pasividad ciudadana es contradictoria de la democracia. El gobierno de todos no puede ser realidad sin la participación de los más. Se ha llamado ciudadanía pasiva a la que predomina en nuestra sociedad como consecuencia del tutelaje político sufrido por décadas. De hecho, es un tipo de ciudadanía en el que la persona se ha convertido, en el mejor de los casos, en poseedora de derechos individuales y sociales, que a veces, sólo a veces, reclama que se le respeten, pero poco más. Esto es lo que se denomina conversión de la persona en objeto de la política.
Si con sus exposiciones ambos precandidatos han inquietado y así contribuido a una mayor y mejor participación social en la definición de su destino, bienvenido su exhorto.
… Suspensivos. Nuestro presidente es ahora promotor de comercio. Al anunciar que adelantaría parte del aguinaldo, exhortó a que fuera para “divertirse y consumir” (sic). Los concanacos aplaudieron como focas. No recomendó ahorrar o reducir deudas. La decisión y el acto no estaban destinados al burócrata afligido sino al tendero. El Becerro de Oro en Los Pinos.
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