No se registraron conflictos sociales ni psicológicos

René Anaya

El experimento de asilar a seis hombres en un simulador de cápsula espacial durante 520 días fue realizado por la agencia espacial rusa Roscosmos y la Agencia Espacial Europea, tal vez por eso no tuvo tanta difusión como probablemente hubiera sido si la Agencia Espacial de Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos lo hubiese hecho.

Sin embargo, esta misión llamada Mars500 representa un hito importante para poner en marcha el muchas veces pospuesto proyecto de enviar seres humanos a otro planeta, específicamente al planeta del Sistema Solar que más nos ha intrigado: Marte.

520 días y seis hombres

Los preparativos de la misión Mars500 se iniciaron en 2008, cuando se realizó un estudio técnico de 14 días en el Instituto de Medicina y Biología de la Academia de Ciencias de Rusia, en Moscú; al año siguiente, un grupo de voluntarios participó en un experimento preliminar en el que estuvieron aislados por 105 días.

En febrero de 2010 comenzó la parte final de los preparativos, cuando un grupo de diez candidatos se preparó para el vuelo simulado a Marte, de ese grupo de voluntarios se eligió finalmente a seis, quienes el 3 de junio de ese año ingresaron a la nave espacial para un “viaje a Marte”, que culminó el pasado 4 de noviembre.

La nave, construida en el Instituto de Medicina y Biología, estaba compuesta por un módulo de experimentos, un módulo habitable, un módulo de aterrizaje, una despensa y un pequeño invernadero, que abarcaban 550 metros cuadrados. A su lado, en otro módulo, se recrearon las condiciones de la superficie de Marte, donde permanecieron durante 30 días tres de los voluntarios.

El “itinerario” rumbo a Marte se cumplió dentro de las tres etapas en que estaba previsto: un vuelo virtual de 250 días de la Tierra a Marte, la permanencia en la superficie del planeta durante 30 días y 240 días de regreso a nuestro planeta.

Durante esos 520 días convivieron los seis ocupantes de la nave, tres rusos: Alexéi Sitev (comandante), Sujrob Kamólov (médico de a bordo) y Alexandr Smolievski (investigador); un francés: Romain Charles (ingeniero de a bordo); un chino: Wang Yue (investigador) y un italiano de origen colombiano: Diego Urbina (investigador).

La misión llevó a cabo 106 experimentos, la mayoría dirigidos a estudiar las repercusiones físicas y psicológicas del aislamiento prolongado del ser humano. Pero también se investigó el impacto en el organismo de la atmósfera artificial de la nave y la práctica de la medicina tradicional china en un “vuelo espacial”, entre otros experimentos.

Asimismo, se probó el Biorascan, un sensor de frecuencia cardiaca y respiratoria que funciona a distancia; y se ensayó el método de telemedicina para que un médico en Tierra pueda diagnosticar a los cosmonautas.

La coexistencia espacial

Las actividades dentro de la nave eran un tanto monótonas: se despertaban a las ocho de la mañana, se les hacía una revisión médica, se les practicaban pruebas y cuestionarios psicológicos, desayunaban y comían juntos, realizaban sus experimentos y escribían correos electrónicos y enviaban videos a sus familiares, pero no podían hablar directamente con ellos, porque había una retraso de 20 minutos en la comunicación, ya que se simulaban las condiciones en el espacio.

Las principales fuentes de tensión fueron las desiguales cargas de trabajo y los celos. “Los psicólogos asistieron a conflictos que surgían entre el equipo y los responsables de la misión, porque la carga de trabajo no siempre se distribuía con igualdad. Algunos tenían que hacer gran parte del trabajo y otros desempeñaban un papel más pasivo”, señaló Alexander Suvorov, director científico del programa.

Otro conflicto surgió de las muestras de afecto que recibían los “cosmonautas”: “En distintos momentos, algunos de los miembros de la tripulación recibían más noticias de sus seres queridos y otros no tantas. Esta situación creó una ligera sensación de celos entre ellos”, refirió Suvorov.

Pero en general hubo una buena convivencia entre ellos, tal vez porque en los momentos de más aburrimiento recurrían a sus aficiones favoritas. Wang Yue practicaba caligrafía china y enseñaba a sus compañeros proverbios antiguos; los rusos se ocupaban en videojuegos y retaban a los otros tripulantes; los europeos tocaban la guitarra.

Al término del “vuelo”, los responsables de la misión Mars500 consideraron que el logro principal ha sido probar que las relaciones personales pueden pasar exitosamente la prueba de 520 días en aislamiento espacial. Sin embargo, a diferencia de un viaje real a Marte, en el Mars500 los ocupantes siempre tuvieron la posibilidad de pedir que abrieran la escotilla para salir del encierro. Esa opción puede marcar una gran diferencia en un viaje tripulado a Marte, donde habría otras condiciones.

No obstante, los resultados del vuelo simulado podrán ser de utilidad cuando se prepare la travesía siempre soñada y jamás realizada de pisar otro planeta.

 

reneanayas@yahoo.com.mx