Calderón aplaude causa empresarial
Jorge Carrillo Olea
República, viejo vocablo de presencia tan común en el discurso y en cierto hacer del viejo régimen. Quizá era un decir ya muy abusado pero era también una actitud generalizada del mundo público y social. Queríamos ser e intentábamos ser republicanos, o sea, adoptar formas que conllevaran un cierto tipo de valores y comportamientos que deben tener los ciudadanos de una república para su desarrollo y éxito. En ello se suele hacer énfasis generalmente en la participación ciudadana, valores cívicos como la sobriedad, la austeridad, el expresarse medularmente, el recato público y el de las familias, su lucha contra la ostentación, la banalidad, los actos y apariencias ofensivos.
Hoy el presidente, acuciado por los concanacos, nos impulsa a consumir, (sic) a gastar, según él para reactivar la economía y generar empleos. La festiva recepción del discurso por parte del Consejo Coordinador Empresarial a través de su presidente Mario Sánchez Ruiz, su alegría y anuncio de que esto sucederá cada año condena o hace cómplice el exhorto presidencial. Un verdadero factor de indignación, sobre todo sabiéndose que ni siquiera fue iniciativa de Calderón sino imposición de las cúpulas.
No es adherirse al pasado pero verdaderamente cuesta trabajo imaginar a un presidente del viejo régimen asumir esa irracional actitud en el presidente. Convocó a consumir con una parte del aguinaldo por él hipotecada desde que la lanzó al mercado. Disparó los bajos apetitos de nuestra manipulable sociedad incurriendo en una grave falta moral. No se le ocurrió alentar el ahorro para peores épocas predecibles, ni para abatir adeudos casi siempre presentes en clases medias y populares.
Adolfo Ruiz Cortines, compendio contrastante de mesura, hubiera muerto antes que incurrir en tal frivolidad. Ni aun el frívolo López Portillo lo hubiera hecho. Su frivolidad, su banalidad era en su vida personal y su teatralidad pero nada más. Ni aun los modernizantes Salinas o Zedillo hubieran caído en tal garlito.
En estos deterioros del republicanismo han caído muchos políticos de todos colores, rojos, azules, amarillos, verdes. Aquellos que heredan o gestionan puestos para sus hijos, hermano o demás parientes. Los que cayendo con esto en actitudes aberrantes y éticamente corruptas dan a esa práctica cínica justificación. En el fondo los impele el dictado justificatorio de “cubrir a los míos” Otros son los que irrefrenables alardean que roban, gastan y consumen con dineros públicos, que ofrecen saraos a costa del erario, cubren cuentas de amigos, cómplices y amantes.
Por otra parte reconozcamos que la sociedad en ciertas esferas no es distinta. No son distintos los que pagan carretadas de dinero para aparecer en Hola, incluido Enrique Peña. Ni los que llenan de suburban negras blindadas las proximidades de los grandes centros de consumo, tiendas o restaurantes. No son distintos los metrosexuales, o los yupies, vocablos que antes que extranjerismos son recursos útiles para denotan actitudes imitativas e insultantes de quienes tienen o simulan tener para derrochar lo que la mitad de los mexicanos querrían para vivir.
Los millonarios del pasado no tenían estas actitudes tan ofensivas de la supuesta gran sociedad. Eran millonarios, egoístas, clasistas si se quiere, pero no fueron ostentosos indignantes u ofensivos, al menos no era su marca de fábrica. La polarización social es cada día más clara. Estamos dividiendo el país entre muy pobres o casi eso y muy ricos o cerca de eso. Históricamente eso resulta mal y saldrá mal. Vamos rumbo a encarar un choque con el pueblo.
Calderón no se preocupa por lo significativo de su error. Ni siquiera probablemente lo registra. Ya lo demostró yendo de compras en Cancún. Sin ningún recato refrendó su orden y con ello aplaudió la causa empresarial. Si arriesgándonos a una interpretación sicológica esto revelara las bases que no sólo han motivado tantos desaguisados durante su gobierno, sino más preocupantemente, hasta donde está decidido a llegar, pues verdaderamente, ¡es para alarmarse!
hienca@prodigy.net.mx
