Esfuerzo político y visión de Estado
Carlo Pizano Salinas
La Asamblea Legislativa del Distrito Federal cumplió el pasado 15 de noviembre, 23 años de funcionar como órgano local legislativo y normativo de la ciudad de México, al que corresponde la función legislativa en la capital de la república, en los asuntos que expresamente la propia Constitución le señale. A diferencia de las demás entidades del país, la Asamblea comparte atribuciones legislativas con el Congreso de la Unión. Pero la actual estructura y funcionamiento de la Asamblea Legislativa tardó algunos años en conformarse.
Ante el empuje democrático del último cuarto del siglo XX, la transición mexicana tuvo como consecuencia dotar de órganos propios al Distrito Federal que hasta antes de 1988 era gobernado por el presidente de la república por conducto de un jefe de Departamento designado por él mismo. A través de la modificación al artículo 73 fracción VI de la Constitución se creó la Asamblea de Representantes del Distrito Federal como órgano de representación ciudadana con facultades para dictar bandos, ordenanzas y reglamentos de policía y buen gobierno, ratificación de magistrados y con capacidad de presentar iniciativas ante el Congreso de la Unión.
El 15 de noviembre de 1988 se instala la Asamblea de Representantes. Acción Nacional como protagonista de la transformación política del país y de la capital de la República estuvo presente en ese órgano capitalino, estando encabezados los dos primeros grupos parlamentarios por José Ángel Conchello en la I Asamblea de Representantes (1988-1991) y José Alberto Ling Altamirano en la II Asamblea (1991-1994). Posteriormente en 1993 se publica la reforma a la Constitución el 25 de octubre en el Diario Oficial de la Federación, se faculta al Congreso de la Unión la aprobación de un Estatuto de Gobierno y se colocan las bases para la distribución de competencias entre las distintas autoridades federales y locales del Distrito Federal; se le otorgan a la Asamblea de Representantes facultades legislativas limitadas y de aprobación de presupuesto. Así la III Asamblea de Representantes ya tuvo el carácter de órgano legislativo y al mismo tiempo fue la I Legislatura. Finalmente mediante decreto publicado el 22 de agosto de 1996 la Asamblea de Representantes se convierte en la actual Asamblea Legislativa del Distrito Federal con la actual competencia legislativa, de representación y de fiscalización al Gobierno del Distrito Federal.
Mucha historia, esfuerzo político y visión de Estado hay detrás del órgano legislativo de la ciudad de México. Por lo anterior resulta triste la situación de desprestigio en que se encuentra la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. La subordinación al jefe de Gobierno del Distrito Federal que ha permitido el PRD en esta legislatura arroja el siguiente saldo: un proceso legislativo deficiente en el cual un gran número de diputados no preparan las iniciativas que presentan en tribuna, no leen los dictámenes que se discuten en comisiones, no fiscalizan las dependencias y entidades del Gobierno del Distrito Federal. Acción Nacional tiene que buscar el verdadero equilibrio de poderes en la ciudad de México, y eso pasa necesariamente para rescatar esta ciudad, lo cual es posible en el próximo proceso electoral ante el desgaste en el gobierno de una izquierda populista.
