Partido Verde, Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano, Panal…
Alfredo Ríos Camarena
Afirma Maurice Duverger que el proceso de la democracia moderna se ha desnaturalizado cuando los partidos políticos se convierten en instrumento de un pequeño grupo, de una persona o de una familia.
En México, de los siete partidos registrados nacionalmente, cuatro corresponden claramente a esta acepción, estos son: el Partido Verde Ecologista, que se ha convertido, después de su desencuentro con el presidente Fox —quien no le cumplió después de acceder a la presidencia con entregarle la Secretaría del Medio Ambiente— en aliado permanente del PRI, y ha crecido gracias a una estrategia mediática que lo ha posicionado como la cuarta fuerza electoral; este instituto político se maneja bajo la dirección de la familia González Torres, quien cuenta con múltiples establecimientos farmacéuticos, de hecho es un partido familiar, la única influencia agregada a esta situación vertical emana de algunos dirigentes del PRI.
El Partido del Trabajo ha sido una organización dominada por un pequeño grupo encabezado por el senador Alberto Anaya, que en los últimos años ha sido un instrumento de la lucha política de Andrés Manuel López Obrador, pese a esto, sigue siendo un partido cerrado y cupular.
El Partido Convergencia, hoy Movimiento Ciudadano, tiene circunstancias similares al anterior, se ha conducido en el frente de izquierda, pero sus decisiones surgen del pequeño grupo que tiene a su alrededor el senador Dante Delgado, fundador de este instituto.
El cuarto partido es Nueva Alianza, de absoluta acción vertical, bajo el mando de la poderosa líder sindical Elba Esther Gordillo, quien ha coqueteado tanto con el PRI como con el PAN, parte de la derrota de Roberto Madrazo y del PRI —en las pasadas elecciones presidenciales— se debieron a la coalición no formal, pero sí real, en la que se operó desde el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación para derrumbar la candidatura madracista; este partido es absolutamente pragmático, no tiene definiciones ideológicas y, en los últimos años, lo mismo se alía con el PRI que con el PAN, como recientemente sucedió en el estado de Michoacán.
Estos cuatro partidos no representan, entre todos, mas del 16 por ciento de la votación nacional, pero saben negociar sus posiciones con un gran sentido de la oportunidad; hoy ya se definieron: a cambio de jugosas prestaciones que recibirán de los partidos poderosos; el PT y Movimiento Ciudadano equilibraron la fuerza del PRD, para lograr apoyar en la organización Morena, a la candidatura de Andrés Manuel.
Nueva Alianza, con la intervención del profesor Moreira, impulsó la unión en torno a Peña Nieto, a cambio de importantes posiciones políticas (se dice que serán senadores de lista nacional: la hija de la maestra Gordillo y su yerno), condiciones similares suceden con el Partido Verde.
Los otros tres partidos, aun cuando tienen también una fuerte orientación cupular, están integrados por el mayor número de militantes y ciudadanos del país.
El PAN, con sus tres precandidatos, irá solo a la elección, y hasta hoy, se auguran pocas posibilidades de existo, no obstante la voz que condena desde Michoacán, sin bases sólidas, la injerencia del narcotráfico, nos hace pensar que vendrá una ofensiva muy complicada que puede afectar a importantes y notorios miembros del PRI; todavía está por verse a quién definen, como su candidato, a la presidencia.
El PRD pudo superar sus crisis internas y finalmente optó, justo con los institutos ya mencionados, por la candidatura de López Obrador.
El PRI, muy avanzado en las estadísticas y sondeos de opinión publica, hasta el día de hoy, ya no tiene duda, como siempre lo afirmamos, Peña Nieto será el candidato, y ahora habrá que reconocer al talento de Manlio Fabio Beltrones.
No cabe duda, la patología del poder se manifiesta en la partidocracia, ajena a los ciudadanos y a los militantes, cuidadosa sola de mantener las posiciones del poder a quienes la manipulan.
