En la carta del senador

Raúl Rodríguez Cortés

En la carta con que el senador Manlio Fabio Beltrones notificó la semana pasada que no participará en el proceso interno por la candidatura presidencial del PRI, llama la atención el siguiente párrafo, por su estricta significación y posibles significados.

Dice el influyente senador priísta: “Es hora de las definiciones y dos recientes eventos políticos nos obligan y nos exigen: Logramos un apretado triunfo en Michoacán, bajo el asedio de una injerencia gubernamental que parece ser la tónica que el PRI enfrentará por delante. Por otro lado, pese a sus contradicciones, haciendo política, los partidos de izquierda han logrado unificarse en torno a una candidatura que permitió superar sus diferencias y ponerse de acuerdo. Eso nos obliga a acelerar el paso en la definición del candidato priísta. Es una realidad que no se puede ignorar, pues para ellos el adversario a vencer es el PRI, y en sus obsesiones lo ven como el enemigo principal”.

Beltrones, en sentido estricto, reconoce que su partido fue obligado a acelerar el paso en la definición de su candidato presidencial, lo que explica mediante las razones expuestas y de las que entre líneas puede leerse también que el tricolor fue reactivo no proactivo, es decir, que no estuvo en sus manos la prerrogativa de marcar los tiempos políticos de este episodio de la competencia electoral, a pesar de la amplia ventaja que dan al tricolor las actuales encuestas de intención del voto.

Las razones expuestas abren, ya en un sentido más amplio, todo un abanico de interpretaciones que sugieren algunas reflexiones.

Una es que el basamento de la unidad priísta es más bien endeble (y el propio Beltrones ve riesgos en “la simulación y la ingratitud, los peores venenos de la política (que) nos han hecho mucho daño”), desde el momento en que él, como aspirante, con tan solo 9% de las preferencias entre los simpatizantes del tricolor según encuesta de Mitoksky, debe declinar a favor de otro, Enrique Peña Nieto que, según la misma encuestadora, cuenta con el respaldo de 87%, so riesgo de fracturar al partido.

Súmense a eso, como expresiones de que la unidad del PRI no es tan monolítica como sugieren las encuestas en cuanto al apoyo al ex gobernador del Estado de México, el descontento generado por hacer coalición con el Partido Nueva Alianza de Elba Esther Gordillo; o el reciente zafarrancho entre fracciones del priísmo del Distrito Federal.

Otra es que el tricolor sabe perfectamente —porque lo hizo durante años en el poder— que Felipe Calderón va a usar toda la fuerza del Estado, todas sus estructuras y, por supuesto, los millonarios recursos de sus programas sociales, para favorecer al que resulte candidato de su partido, el PAN. Si lo hizo Vicente Fox para llevarlo a él a Los Pinos (escenario que parecía imposible de cara al arrastre que en 2066 mostraba el candidato perredista Andrés Manuel López Obrador, ¿por qué no habría de hacerlo él a favor de Ernesto Cordero, Josefina Váquez Mota o Santiago Creel?

Una última es que la competitividad electoral de la izquiera no será, como se pretende hacer creer, testimonial o anecdótica y que, expresión de eso, es que se unieron en torno a un candidato único pese a sus históricas contradicciones. La lectura entrelíneas de lo dicho al respecto por Beltrones es que la candidatura de López Obrador crecerá y que acaso sea la del contrincante a vencer.

 Y es que los términos en que se dieron a conocer y acataron los resultados de las dos encuestas realizadas para determinar quién sería el abanderado presidencial de la izquierda, reflejan la voluntad de sus protagonistas, y de los grupos políticos que los respaldan, de no fracturarse y construir una candidatura no sólo de unidad sino objetivamente competitiva.

López Obrador resultó el mejor posicionado y será el candidato presidencial. Marcelo Ebrard acató el resultado (no obstante las diferencias míninas en su contra que arrojó el sondeo) con una congruencia política aplaudible y una grandeza de miras que desde ya agradecen quienes ven en la izquierda el proyecto de nación que México requiere en este momento.

López Obrador, por su parte, incorporó a su programa político, proposiciones específicas del jefe de gobierno de la ciudad de México: incorporar las demandas de amplios sectores de las clases medias y el sector empresarial, dirimir diferencias con la actual dirigencia nacional del PRD y contender como abanderado de un frente amplio de izquierdas del que incluso ya se sugirió el nombre de Movimiento Progresista.

Ese frente amplio integraría al PRD, al PT y al Movimiento Ciudadano como partidos políticos, pero también al Movimiento de Regeneración Nacional y, por supuesto, estaría abierto a sumar otras organizaciones sociales, sindicales y ciudadanas.

 

 

rrodriguezbalcon@hotmail.com

@RaulRodriguezC