Vicente Francisco Torres
(Segunda y última parte)

Una poética de la desolación (Universidad Veracruzana / Universidad Autónoma de Chiapas, 2011) identifica bloques, aunque no estancos, sí muy delimitados. En Siete veces el sueño y Del tiempo y otros lugares Ramos ensayó las distintas posibilidades de lo fantástico para, después, en sus novelas, entregarse a la realidad y la Historia ficcionalizadas. Consuma el rito de aprender a hacer lo que después no practicará.

Los viejos asesinos juega un papel destacado porque deja de lado el interés por el dominio de los recursos fantásticos para enfrentarse a la experimentación formal aprendida en el boom y que será un interés de primer orden en su novelística, inclinada a lo social y a lo Histórico, tal como puede verse en Intramuros, Éste era un gato y La mujer que quiso ser Dios. Las novelas también buscan los escenarios urbanos, primero, del Distrito federal y, después, de Veracruz. Por cierto, Luis Arturo es heredero de una novelística veracruzana que transitó también por la capital del país. Entre los más destacados autores de este grupo tenemos a Sergio Galindo, Juan Vicente Melo y Emilio Carballido.

En las novelas de Ramos antes mencionadas, Guadalupe Flores identifica una poética desoladora que se basa en un conjunto de personajes marginados, verdaderos muertos en vida cuyo entorno es un reflejo de sus propios miedos e incertidumbres. Ellos son exiliados, fracasados, fanáticos religiosos, enfermos, desempleados, huelguistas y un soldado invasor.

En La casa del ahorcado y Ricochet o los derechos de autor, sin abandonar la poética de la desolación, se observan los cambios sufridos por los anquilosados papeles de género y plantean la vulnerabilidad del hombre cuando pierde su dominio sexual. Y, como un remate muy pertinente del libro, se apunta, sin hembrismo, la manera en que las mujeres aparecen en las novelas de Ramos. Asumen los papeles tradicionales, como madres y esposas en franca oposición con las amantes y prostitutas. Así es y así ha sido en nuestra sociedad, pero lo importante es ver cómo se desarman los mecanismos de servidumbre, alienación y autonegación que hacen eso posible. Ése es el mérito del libro que, hay que decirlo, es lo mejor que se ha escrito hasta la fecha sobre la obra de Luis Arturo Ramos.