Entrevista a Héctor Ceballos Garibay/Autor de En busca de Edvard Munch
Por Eve Gil
…De la boca de ese sujeto alebrestado, de su mueca siniestra, no emerge sonido alguno, brota en cambio un dolor intenso y profundo del alma: un lamento inaudible que sin embargo puede verse, sentirse, comprenderse, padecerse. Un quejido universal y perenne que nos atañe a cada uno en lo más hondo de la humanidad entera.
“El grito”, de Edvard Munch
Tiene en su haber casi una docena de apasionantes ensayos literarios, políticos y sociológicos, pero el escritor michoacano Héctor Ceballos Garibay no podía reprimir por más tiempo su natural inclinación por el género novelístico, en el que incursiona a través de En busca de Edvard Munch (Editorial Fontamara, México, 2011)
Literatura y pintura
La segunda gran pasión de Ceballos, si no la máxima a la par de la literatura, es la pintura. No extrañe por tanto que haya optado por recrear la torturada alma de uno de los más grandes artistas noruegos de todos los tiempos. Pero Edvard Munch no es el único protagonista. Quien se encarga de reconstruir la existencia del pintor es un mexicano promedio de nombre Daniel Ruiz, quien recorre media Europa tras las huellas de este artista que lo subyuga.
“En sus tres años de estancia en Europa —explica Ceballos Garibay—, Daniel confronta a sus propios demonios. El Daniel del principio es muy distinto al del final. Hay un proceso de depresión, de enriquecimiento, de autocrítica… de toparse con la realidad y de alguna manera, madurar. Las cosas no le salen como él lo hubiera querido, y en ese sentido encontrará cosas que jamás imaginó. Planteo en el epígrafe que finalmente el género humano está lleno de meandros y complicaciones y es un poco lo que quiero ilustrar la novela: que no somos seres planos, y los personajes salen enriquecidos de este viaje sentimental, que también es un viaje literal.”
Agrega Ceballos Garibay:
“El amor-desamor entre Daniel y Nora —una curadora de arte noruega, mucho más alta que Daniel— se va mimetizando con los amores de Munch, que se describen en el libro… particularmente una muy especial, que es con la que estuvo a punto de casarse, Tuna Larsen.”
En busca de Edvard Munch presenta mujeres más que simplemente inteligentes y hermosas: mujeres que van mucho más allá del ideal feminista que, por cierto, aún se preparaba para eclosionar a principios del siglo XX. A la usanza de la Francia ilustrada, en Noruega también existían salones para intelectuales, y quienes los regenteaban eran auténticas valkirias que practicaban el amor libre. Hasta la propia Nora, mujer liberada del siglo XXI, parece una nena caprichosa comparada con éstas. “Es una de las épocas más gloriosas en cuanto a auge cultural; es maravilloso en definitiva este cambio de siglo, similar al V de Pericleso, o al Quatrocento del Renacimiento. Hago un seguimiento en esta atmósfera de bohemia y cenáculos literarios de talentos patológicamente misóginos, como serían el de Strindberg, o el de Nietzsche. Este, pese a su gran amor por Lou Andreas Salome, terminó muy mal con ella y eso incita sus planteamientos misóginos como ése de «cuando vayas con una mujer no te olvides del látigo».”
Mujeres
“Munch, al sufrir una variedad de desdenes por parte de estas mujeres autosuficientes, se vuelve muy misógino. En los mismos países nórdicos, sin embargo, podemos encontrar a autores como Ibsen —sobre quien el propio Munch realiza un retrato a través de una fotografía, pues nunca se conocieron— que escriben sobre el derecho a la libertad de las mujeres. Munch, a pesar de haber tenido grandes mujeres, se percató de que no era lo suficientemente ecuánime para llevar una relación tradicional”.
“Su postura política, por otro lado, me parece muy loable: cuando a principios de los 30 los nazis invaden Noruega, la mayoría de los intelectuales, rastreros, se manifiestan a favor de éstos y, sin embargo, Munch los manda a volar, e incluso apoya a la resistencia patriótica noruega. Con Strindberg tuvo conflictos porque se disputaron a una mujer, situación detallada en la novela. Esto me llevó a crear a un mexicano que va a Noruega en busca de Munch para su tesis de doctorado en estética, entonces la novela tiene varios niveles de lectura: lo puedes leer como una cuestión de conocimiento más profundo de la vida y obra de Munich. Hay también un esfuerzo de descripción poética de sus cuadros, de trabajo del lenguaje, lo puedes leer como una crónica de viajes a través de Noruega, Estocolmo y Alemania y a partir de allí hay un interesante paralelismo porque Daniel se enamora de una noruega, Nora, que por cierto detesta a Munch, y es reflejo de la cultura nórdica, muy abierta y muy tolerante, a quien le gusta que Daniel sea el típico mexicano”.
“Ella es políglota, muy culta, y para poder dialogar con Daniel invento que Nora vivió muchos años en España y habla perfectamente el español, además me permite deslindar la voz masculina de la femenina. Voy haciendo una novela dentro de la novela porque la parte de descripción de la biografía de Munch y de los cuadros, son las notas que escribe Daniel sobre el pintor. Por supuesto, Daniel se sobreestima: cree que va a hacer la gran obra sobre Munch, y Nora le hace ver que en realidad el gran parteaguas que influye de manera fundamental al arte del siglo XX no es Munch, sino Cezanne… en lo cual tiene razón.”
Dos novelas en una
En busca de Edvard Munch es dos novelas en una. Los números nones marcan la ficción, mientras que los pares corresponden a la parte ensayística-poética, pero logra hacer dialogar los capítulos nones y pares, “aunque mi propuesta es que lean salteados los capítulos, porque así fue como la escribí: primero escribí la parte ficticia y luego la ensayística, pero no planee en lo absoluto donde embonaría la descripción de tal cuadro con algún episodio de la vida de Daniel. Esto se formó de manera por completo aleatoria.”
Contrario a su admirado Munch, Héctor Ceballos Garibay, que es hijo de uno de los autores mexicanos más enigmáticos y no lo suficientemente reconocidos, José Ceballos Maldonado, tiene una hermosa familia, y de hecho este libro está dedicado a su hijo Emiliano. Casi a la par de esta novela ha publicado otro libro de ensayos literarios, La sabiduría de la novela, también en Editorial Fontamara.
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