Juan José Reyes
La novela histórica ha tenido en los años recientes ejemplos excelentes en nuestro medio. La han cultivado con mucha fortuna escritores notables como Fernando del Paso o Ignacio Solares, y otros más jóvenes, como Enrique Serna y Rosa Beltrán. Se trata de un género de ardua creación, que requiere del entreveramiento de la realidad indudable (tan indudable como la que puede rescatar la investigación histórica al menos) y la ficción. En medio, puentes por los que transcurre la imaginación del novelista no ya para dar con situaciones sino para perfilar personajes, trazar los caracteres de protagonistas centrales y laterales; debajo, a manera de ríos subterráneos de flujo perenne, una serie de hilos y nudos que van uniéndolo todo, en paciente tejido, muchas veces tan verosímil como deslumbrante. De esta forma ha nacido y tiene una vigorosa presencia entre nuestra novelística El último príncipe del Imperio Mexicano, obra de una autora estadounidense, C.M. Mayo, escasamente conocida por los lectores mexicanos.
Aquel Imperio es el segundo, es decir el de Maximiliano de Habsburgo, aquel personaje que puede oscilar entre la tragedia y la opereta en el sobresaltado escenario de un país en ruinas que no parece contar más que con la honradez de sus hombres liberales y con el valor de los que defienden con la vida la integridad de la nación amenazada. Y aquel príncipe es el nieto de Agustín de Iturbide, el hábil, acomodaticio y ciertamente cruel vencedor de la larga guerra de Independencia y fundador y ¿beneficiario? de un Imperio tan fugaz como ridículo. ¿Cómo era aquel nieto del archiduque? ¿Cómo se establece en el círculo de la corte? ¿Qué sucede mientras tanto en dos mundos, diestramente descritos por la autora, a saber: el de la familia de Iturbide Green y el de la historia misma de la intervención francesa, la fatal aventura mexicana de Maximiliano y todas las intrigas y empeños de los conservadores al fraguarla? ¿Qué ronda en la mente y los corazones de los franceses invasores? La descripción de aquel mundo, en sus aspectos más vivos, aparece en estas páginas escritas con sabia malicia.
C. M. Mayo, El último príncipe del Imperio Mexicano. Traducción de Agustín Cadena. Grijalbo (Novela Histórica), México, 443 pp.
