Juan Antonio Rosado

El décimo número de la revista El puro cuento está dedicado al cuento árabe contemporáneo, así como el número cuatro estuvo dedicado al cuento griego actual, el cinco a la minificción, el dos a la nueva narrativa dominicana… Editada en formato de libro y con una sección de arte a todo color, esta revista carece de publicidad. Sin dudas es una joya coleccionable por la calidad de su impresión y de su contenido. Llegar al número diez —el de la tetraktys pitagórica, tal como se informa en la última página (destinada al simbolismo del número de la revista en cuestión)—, sin el apoyo de becas o de los anuncios, es una proeza que debe considerarse en el ámbito de “cultura de capa caída” en que vive nuestro país. Los logros se elogian y, en este sentido, los suscriptores y compradores han contribuido a que este importante fenómeno hemerográfico siga adelante, tanto físicamente como en su sitio de Internet.

El directorio, compuesto por Carlos López, Daniela Camacho, Carlos Adampol Galindo y Javier Muñoz Nájera, ha sido persistente. Su tenacidad y dedicación no cesa de otorgarnos gratas sorpresas. Estéticamente, el número diez resulta uno de los más bellos de la colección. En la parte de cuentos árabes, hallamos traducciones al español de textos de Zakariya Tamer (siria), Gassan Kanafani (palestino), Muhammad Shukri (marroquí), Jabbar Yassin Hussin (iraquí) y Naghib Mahfuz (egipcio), entre otros. En la cuarta de forros, las célebres palabras de Cortázar sobre el género cuento. Por su parte, la sección de arte nos muestra las pinturas de Mohannad Orabi y Ahmad Moualla.

La sucinta introducción sobre el cuento árabe, escrita por Antonio Martínez Castro, es esclarecedora; se remonta a la historia: “El cuento literario (qissa) parte del Corán y atraviesa todas las épocas”, afirma. Sólo detecté un error que considero importante anotar: cuando se afirma que Las mil y una noches y el Calila y Dimna fueron escritos “por autores de origen persa”. Es conocida la multitud de orígenes del primer libro que, por su estructura de cuentos dentro de cuentos, recibe el influjo de la India, de donde los árabes tomaron el cero y el sistema decimal (así lo reconoce el mismo Al Juarismi, al llamarle “cifra hindú” al cero). En cuanto al Calila y Dimna, es también sabido que procede de la India: se trata de la traducción al persa de una buena parte del Panchatantra sánscrito. Del persa se tradujo al árabe y posteriormente —en la corte de Alfonso X— al castellano. El Panchatantra es antiquísimo y fue dirigido a los hijos de reyes para que éstos, en lenguaje sencillo, aprendieran las cuestiones políticas expuestas en el tratado Artha sastra. Fuera de este error —y debido a los cuentos antologados—, el ejemplar es una auténtica joya literaria y artística.

El puro cuento, número 10. Editorial Praxis, México, 2011; 112 pp.