El partido más poderoso es la sociedad

René Avilés Fabila

 

No todos los políticos mexicanos han sido como los que ahora padecemos, sin excepciones. Los hubo cultos y la lista no es pequeña: Sebastián Lerdo de Tejada, Justo Sierra, Emilio Portes Gil, Isidro Fabela, Agustín Yáñez, Jesús Reyes Heroles… Pero algo pasó y triunfaron los que pocos libros han tenido en la mano. No creo, en principio, que leer literatura sea básico para un político, un funcionario. Por un lado, no son tan importantes en el complicado arte de gobernar. En segundo, estamos en un país que a duras penas lee o que de plano desdeña la literatura. Por fortuna no tengo ninguna deuda con los partidos políticos y sí, en cambio, multitud de agravios. Por décadas me ofendió el autoritarismo y la brutalidad del PRI, el conservadurismo del PAN me irrita y desagrada, y la corrupción infinita del PRD es en verdad repugnante. No he trabajado para ninguno de ellos. He permanecido al margen de sus acciones y posturas. Como escritor de literatura, profesor universitario y periodista, he sido crítico. Creo que ésta es la función natural de quienes en un país con nuestras características sociales, recibimos educación a costa de la sociedad.

Lo preocupante es la insensibilidad que padecen los políticos mexicanos: son todos refractarios a las manifestaciones del arte. Pocos se salvan. La mayoría firma libros que no escribieron y cuando aparece la necesidad de una mayor cultura, que no se circunscriba a lo que les pagan por hacer, el ridículo los cubre. Así fue con Fox y así con Calderón y con López Obrador, quien ahora está necio en fundar la “república del amor” y para justificar la tontería recurre sólo a palabras huecas, carentes de todo sentido. Vázquez Mota tiene el don de la experiencia de los libros de autoestima, pero llegado el momento no la salvará de la ausencia de una sólida cultura. ¿Creel, Cordero? Mejor no hablar de ellos, ambos se equivocan hasta en los temas que son de su competencia.

Es necesario tener una sociedad más exigente, más severa en cuanto a la selección de quienes nos van a gobernar. No más caudillos, hay que buscar partidos con ideología y con proyectos de nación. Las sociedades más avanzadas prefieren buscar un alto grado de bienestar y educación, de economía y salud, en lugar de líderes mesiánicos. Los mexicanos debemos ser más selectivos, más severos. Hay que buscar hombres y mujeres con experiencia, honestidad e ideas. Hablar de izquierdas y derechas es ya casi una farsa, al menos en México. La izquierda real no existe, es pura palabrería que las acciones no respaldan. La derecha sí es real y porque significa atraso hay que combatirla.

Los tiempos son de profundas transformaciones, ya dejamos atrás el siglo XX. Hoy los viejos militantes comunistas y ex guerrilleros se lanzan en pos de procesos electorales y se colocan más en el centro que en la izquierda, como lo han hecho en Brasil. España, al sentir que su bienestar peligraba, pasó a la peor derecha sin ningún temor. No existen muchas alternativas políticas y sí muchos deseos de mejorar la situación económica del país. Hay que darnos cuenta de que el mejor partido, el más poderoso, es la propia sociedad. Hemos sido manejados como manada, es el momento de que los políticos nos obedezcan. Los programas y tareas deben ser dictados por el país en su conjunto y no permitir más que impongan sus escasas ideas y sus proyectos que siempre están contaminados por intereses personales.

Los políticos son nuestros servidores, cobran de nuestro dinero, trabajan mal y encima los seguimos a ciegas y con vehemencia. Debe ser a la inversa y es tiempo de percatarnos de ello.

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