“Arma para minar la confianza”
Félix Fuentes
De pronto recordó el presidente Felipe Calderón que el alcalde panista Ricardo Guzmán fue asesinado a tiros el 2 de noviembre pasado y se le debía rendir homenaje en calidad de héroe y mártir, junto con los ocho muertos del helicóptero accidentado, entre ellos el secretario de Gobernación, Francisco Blake.
El acto de riguroso luto tuvo lugar el lunes 5 pasado, 34 días después del homicidio de Ricardo Guzmán y el primer mandatario convirtió la oración fúnebre en discurso político, de voz fuerte, para condenar la intervención de la delincuencia organizada en los procesos electorales.
La emprendió contra la sociedad, legisladores y partidos políticos, “incluido el PAN”, porque no reaccionan por la muerte de Guzmán “una y otra vez… diariamente martillar y martillar esa verdad hasta que quede clara y contundente, plasmada en la conciencia nacional”.
Ha de estar decepcionado Felipe Calderón porque los medios informativos, excepto los de corte oficial, no hicieron eco a su exigencia y hubo de recurrir a la enésima entrevista con López Dóriga, a fin de dar difusión a ese candente tema y a otros, como el de que no tiene favorito entre los presidenciables de su partido ni pretende apoyar a alguno de ellos, ¡ni a Ernesto Cordero!
El propósito de dicho homenaje fue el de “narcotizar” el proceso del 2012 y descalificar las elecciones de Michoacán por el supuesto de que fueron influidas por delincuentes. De hecho planteó la anulación de las mismas. Es obvio que caló profundo a la familia del Presidente la derrota de Luisa María Calderón, quien no logró ser gobernadora de la entidad tarasca pese a los cuantiosos dispendios de campaña y a la compra de votos.
Un primer reclamo del frustrado “michoacanazo” electoral lo hizo Felipe Calderón en el “magno acto” que ordenó en el Campo Marte, donde esperaba la asistencia de 12 mil invitados, pero no llegó la cuarta parte. Las sillas vacías fueron ocupadas por soldados y burócratas.
Después fue armado el homenaje a los ocho muertos del “helicopterazo” y al alcalde Guzmán. Tampoco hubo respuestas a la exigencia de “martillar y martillar” ni con la entrevista con Televisa.
Es claro el propósito calderonista: insistir en intervenciones del narcotráfico, supuestamente para favorecer a partidos contrarios al PAN, e intentar la anulación de elecciones de Michoacán, en espera de aplicar igual treta en los comicios por la Presidencia de la República, en julio próximo.
El aspirante a la candidatura del PRI, Enrique Peña Nieto, manifestó al Presidente que sus declaraciones atentan contra la democracia porque son realizadas con un fin electoral. Le respondió el líder del PAN, Gustavo Madero, en su estilo sesgado y confuso, lo conminó a “definirse en torno a la lucha contra la delincuencia”.
Es como meterse en una jaula de dementes. En el intento de preparar el terreno para anular las elecciones del 2012, bajo el supuesto de intervenciones del narcotráfico, el trastocado dirigente blanquiazul, Madero, pretende opiniones de si se está a favor o en contra de la delincuencia. ¿Espera respuestas a favor del hampa? O que le digan “Oh, sí, yo también amo a El Chapo.
El nuevo líder del PRI, Pedro Joaquín Coldwell hizo una primera advertencia a Felipe Calderón al asumir su liderazgo: “Al gobierno le exigimos que no haga de este tema —el de la narcopolítica— un arma para minar la confianza en las autoridades electorales, socavar el proceso o agredir a partidos y candidatos”.
¿Pero pondrá oídos el presidente Calderón a ese reclamo, decidido como está a no entregar el poder a su odiado PRI?
Con este comentario nos despedimos en este año de agudos problemas y nos leeremos en enero próximo, en espera de mejores perspectivas y tranquilidad. Felicidades.
