Ricardo Muñoz Munguía
El libro Propiedad Privada, de Margarita Castillo, es la transformación, o es un pasaje, entre lo inmediato y lo profundo. Lo cotidiano es un vicio que ciega las relaciones, así, los diálogos son palabras deslavadas, los lugares son sólo espacios estériles. Por ello, la autora afirma que “para que ‘algo’ verdaderamente exista… debe tener corazón”. Y esa referencia que utiliza Castillo para reconocer la labor de los hacedores de su breve libro, también es muestra de su generosa amistad pero, sobre todo, es prueba palpable de su quehacer creativo, del que, por cierto, Miguel Ángel Granados Chapa, recientemente fallecido, menciona a modo de presentación en el volumen de Margarita Castillo, a quien “se le encuentra en diversos frentes, siempre dispuesta a poner sus artes a disposición de los demás.
Traslada a sus afanes sociales y políticos la imaginación creadora que florece en sus invenciones, en su quehacer literario. Porque la conciencia y la sensibilidad de Margarita Castillo brotan poemas, narraciones, pensamientos; y no se contenta con generar los contenidos sino que fabrica también los vehículos para diseminarlos”.
A Margarita Castillo se le reconoce por el oído. Su bella voz en Radio unam, así como en diversos anuncios de la Máxima Casa de Estudios transmitidos por radio, nos familiarizan con ella. Por igual podemos encontrar a Margarita en la promoción y difusión de la cultura, en la que brota su pasión, su inteligencia, su conocimiento, su voz.
En Propiedad Privada, la autora consigue descubrir a través de una charla que las palabras se abren paso más allá de lo que edifica una comunicación inmediata, efímera. Por otro lado, también, los sitios —en este caso refiriéndose a la colonia Roma y a la Condesa, de la Ciudad de México—, exponen a través de su fisonomía la memoria viva. La narración se acompaña de bellísimas ilustraciones. Un libro hondo.
Margarita Castillo, Propiedad Privada. Ilustraciones de Rodrigo Ramírez Muñoz. Ex libris demece, México, 2011.
