México, D. F., 12 de diciembre de 2011

Creo que el presidente Calderón ha omitido felicitar a Fausto Vallejo por su triunfo en la gubernatura de Michoacán, olvido que se convierte en sospecha, ya que es la única entidad en donde ha habido elecciones y no se pronuncia, quizá porque la perdedora es su hermana.

Consideramos serias y graves las afirmaciones presidenciales, en el sentido de la injerencia del narcotráfico en la decisión de la votación, porque vienen del jefe del Estado, cuando el asunto está sub judice en el Instituto Federal Electoral.

Es un acto donde está prejuzgando antes de que se emita la sentencia que decida la validez o nulidad de la elección, es línea velada a los magistrados electorales —por venir de donde viene.

Me pregunto: ¿por qué no se hicieron pronunciamientos antes de la elección?; y también me consterna, si su hermana hubiere ganado, ¿también habría objetado el triunfo electoral?

Pero además, Luisa María Calderón se apunta entre los aspirantes panistas al Senado de la República, ¿acaso va a participar en una elección de un estado contaminado?

No es válido denunciar supuestas irregularidades; cuando pierdo no hay legalidad, transparencia y democracia, y cuando gano sí hay, como fue en Sinaloa, Puebla y Oaxaca.

En derecho hay un principio universal: “El que afirma tiene que probar”, las afirmaciones subjetivas y generales carecen de sustento jurídico cuando no existen las pruebas que lo acrediten.

Los jefes de Estado deben tomar decisiones propias de su encargo constitucional, ante todo hay que hacer gala de su altísima investidura, ser institucional e imparcial, en todos los procesos electorales, gane quien gane, y pierda quien pierda, sin proyectar favoritismos a la sociedad civil. El pueblo de México aspira a que las más altas autoridades del país den certeza, seguridad y transparencia a los procesos electorales.

La tarea de impartición de justicia es propia del Poder Judicial, pues ni aun así el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación podría emitir su opinión en un asunto que esté pendiente de resolverse, y en el presente caso resulta preocupante que el titular del Poder Ejecutivo pretenda eregirse como el gran Juez, invadiendo esferas que nuestra Carta Magna otorga a otro Poder de la Unión.

¿Cómo se vería el presidente de la Suprema Corte entrometiéndose en asuntos que le competen al Poder Ejecutivo o Legislativo?, sería una clara evidencia de invasión de esferas; en este sentido, como señala el adagio, “Buenas bardas hacen buenos vecinos”.

El Justiciero.