Aguirre, primer responsable
Jorge Carrillo Olea
Nada está más allá que una muerte, nada puede ser peor que la de un joven, anticipada, absurda por su origen, pero así fueron las cosas en Chilpancingo. Su trazo es remoto, muy arraigado y un día tendría que suceder.
Sus actores: el cínico primitivismo de un gobernador, su increíble concepción del poder, muy al estilo de su anacrónico mentor, Rubén Figueroa: disfrutar del poder, tomarlo a la ligera, creer que regodearse es gobernar. Comer, beber, festear, corromper, compadrear, mentir, creer que engañar es una manera de gobernar. Así pasaron nueve meses golosos, jugosos, gloriosos en el comprender del gobernador.
Corresponder con cargos a padrinos, con contratos, con sobornos. Nombrar a un inepto en funciones tan delicadas, y más que delicadas en Guerrero, como el procurar la justicia a un ignorante del oficio sólo por corresponder al partido que lo invitó a defeccionar, invitado por su sabida ruindad, es una de las tragedias del primitivismo y la rústica brutalidad en el poder, circunstancias que ya no pueden ser más.
Y así pasaron nueve meses. Así se dio la visita a la normal de Ayotzinapa. Gran comilona, inducir a beber a los alumnos, ¡¡por qué no, si el mezcal de Chichihualco es excelente!! De paso se les regaló un autobús, se les prometió reducir a mínimos absurdos los requisitos para ingresar, garantizarles trabajo a su salida, aumentar el número de plazas para el alumnado y más. Se creyó que se les engañaba. Cuando ellos cayeron en que todo era una tomadura de pelo, violentos reaccionaron ardidos con cólera desatada.
¿Qué dejó atrás Angel Aguirre, qué olvidó que provocó todo? Nueve meses de desgobierno, vacío en el que nunca se definieron métodos de coordinación y actuación de las policías que peligrosamente pueden converger en un mismo espacio, el área de Chilpancingo, incluida la autopista: policía judicial federal de la Procuraduría General de la República, policía federal de la Secretaría de Seguridad Pública, policía llamada ministerial del estado, policía preventiva estatal y policía preventiva municipal. Entonces, si todo era fiesta, si se cantaba y se declamaban poemas cursis en cada ocasión, ¿qué se podía esperar en cualquier momento?
En Guerrero no hay gobierno, incluida la prevención del delito ni su persecución. Los responsables obran por instinto, confunden su actuación con una necesaria violencia, no saben más. Nada entienden de contener sus impulsos. Sus reflejos nunca educados les dicen que están hechos para aporrear, incluido en el verbo el disparar contra muchachos desarmados, aunque impulsivos e insolentes.
Los homicidas materiales son responsables y serán castigados, pero hay más responsables que ellos y el primero es el gobernador. Es responsable ante la ley en su apartado de Responsabilidades de los Servidores Públicos, es responsable penalmente por omisión, es responsable políticamente por incuria, levedad y cinismo. Es responsable socialmente porque sus múltiples abandonos del deber produjeron muertes de hijos de familias humildes, esperanzadas en el bien actuar del gobierno, en el de la normal y en la libertad de la calle. Nada de eso pasó.
No, los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa no son cómodos. La normal tiene ganada fama, lograda por décadas, de ser un vivero de pícaros, por dejarlo ahí. Mas ellos ni hicieron la escuela así, ni por gracia son así. Escuela, maestros y alumnos son producto de gobiernos federales y estales que prefirieron como Aguirre creer apaciguarlos con obsequiosas palabras.
Qué disfrutable es el poder, hasta que aparecen los fantasmas. Entonces hay que cargarla contra el procurador que nunca debió haberlo sido, contra el jefe de la policía que ignoraba cómo desempeñar técnicamente su función y así se le nombró. Renuncias precipitadas para con todo ello escurrir el bulto.
Ya no resulta tan disfrutable el poder cuando el pueblo demanda saber qué se hizo en términos de la ley, de organización, de división de funciones y responsabilidades, de coordinación y por supuesto de adiestramiento, para que cosas así no sucedieran. No resulta disfrutable responder que absolutamente nada. Ni siquiera hubo registro de que eso era un deber. Así las cosas, por eso Aguirre en todo su cínico primitivismo como agravante, como gobernador del caos, resulta ser absolutamente responsable.
…Suspensivos. Hay presidentes y candidatos que sus reflexiones, prudencia, serenidad o meditación las maneja su twitt, como en el lastimoso caso de Miguel de la Madrid. ¡Oportunismo primitivo, inexcusable!
hienca@prodigy.net.mx
