Carlos Olivares Baró

Esperanza Spalding (Portland, Boston, 1984) toca el contrabajo, canta en inglés, español y portugués y compone en las plazas de lo brasileño en fusión con el newsoul y el hip-hop. Veintisiete años y ya es referencia familiar del jazz. Estamos en presencia de uno de los mayores talentos jóvenes en la escena del Jazz de nuestros días.

Venas con sangre azteca y africana (madre de origen mexicano y padre afroamericano), Spalding —declarada ferviente admiradora de las armonías del Brasil—, ha creado espacios propios: cruzamientos e influencias de Stevie Wonder, Wayne Shorter, Ron Carter y Dave Holland.

Primer álbum: Junjo (Montuno, 2006)

Junjo —participan los cubanos Arúan Ortiz (piano) y Francisco Mela (batería)—, Placa de atmósfera íntima —apela al trío (piano, drums, Acoustic bass/ vocal,)— regodeada en una sonoridad de palpitaciones bop y guiños cariocas. El baterista marca los espacios y el piano dibuja los embates en revalidación powelliana y eufemismos monkianos; mientras tanto el bajo zumba los motivos con alusiones carterianas y empalmes de Dave Holland.

Nueve composiciones (Corea, Spalding, Ortiz, Mela, Gismonti…) de lúdicas resonancias armónicas y elegante oferta vocal. Spalding scatea en zigzag desafiante: los instrumentistas cubanos se ven obligados a seguirla y, desde los flujos melódicos/armónicos del contrabajo, delinear —con manejo preciso del tempo— las pautas modales de los compases, las sucesiones y los puentes/articulaciones. cd de cautivadora acústica, que se impone por su frescura vertiginosa.
Esperanza (Concord Music, 2008)

Esperanza, venturosa sinopsis de fusiones de jazz, sonido brasileño, soul y hip-hop. El cosmos musical carioca se asume desde el centro de su cartografía con ofrecimientos novedosos que lo amplifican. Textos limpios, solazados desde arrojadas inflexiones vocales. Piano (Leo Genovese), percusion afro brasileña (Jamey Haddad), batería (Otis Brown y el cubano Horacio “El negro” Hernández), trompeta (Ambrose Aklnmusire), sax alto (Donald Harrison), guitarra (Niño Josele) y contrabajo/bajo acústico/doolin bass (Esperanza Spalding): nómina que despliega elocuente oficio. Harrison convierte la pieza “If that’s true” (Spalding) en un temperado funk con fraseos hard/free en diálogo con el tabaleo del drums y las sístoles del bajo acústico.

Chamber Music Society (Head Up, 2010)

Esperanza Spalding (bajo y voz), Genovese (piano), Cinalli (percusión, candombe drums, bombo leguero), Lyne Carrington (drums), Todorov (violín), Martin (Viola), Eggar(cello), Milton Nascimento (voz invitada), Parlato (voz invitada), Ricardo Vogt (guitarra invitada), formato orquestal que devela intenciones aventuradas: música de cámara arrebujada con prontuarios selectos del jazz.

Un poema de Blake —“Little Fly”—, pretexto para que Spalding conceda una ensimismada pieza de hermoso apunte melódico en lenitiva enunciación barroca, y espiritual oratoria: la bajista/cantante entona susurros en coloquio con violín, cello, viola, bajo. Todo se pasma: la música, prolongación del primer suspiro de Dios.

“Knowledge of Good an Evil”, “Really Very Small”, “Short and Sweet”, “What a Friend”, “As a Sprout”, “Winter Sund” —rubricadas por Spalding— entran a los resquicios de la música de cámara en fusión con elementos neoclásicos, cool y hard: Scat de Spalding en contrapunteo regocijado con las cuerdas. “Chacarera” (Genovese): la batería finca ecos andinos y el cello enuncia la melodía en dietarios bachianos y asechanzas de Bartók. “Wild is the Wind” (Tiomkin/Washington), la voz de Spalding se desboca por atajos inesperados. Entrada de Nascimento en “Apple Blossom” (Spalding): hilvanes de un dúo vocal de sorprendente y resuelto fraseo. “Inútil Paisagem” (Jobim): columpio de suculento walking bass en recorrido y pulsaciones nerviosas, aunado a renovado proyecto vocal. Imposible soslayar a esta “princesa del bajo y el canto”: cédulas armónicas trazadas con secuelas de Messiaen (Cuarteto para el fin de los tiempos) y efusiones del Stravinski de la suite Historia del soldado. Chamber Music Society o un coloquio del jazz con irradiaciones de Bach, Mozart, De Falla, Bruch, Schöenberg, Boccherini o Shostakovich.

La presencia de Esperanza Spalding ha renovado el semblante del jazz en medio del derrotero inaugural —a veces, abrupto, inaccesible y sinuoso de burdos “tanteos experimentales free” que poco dicen— de un siglo de impredecible y turbado alegato musical.