Proverbial ignorancia de hordas panistas

Humberto Musacchio

Los días 10 y 11 de noviembre fueron detenidas varias personas a las que la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) acusó de pretender, y sólo pretender, la introducción en México de Saadi Kadafi, hijo del asesinado dictador libio Muamar Kadafi.

Resulta por lo menos extraño que se persigan delitos que no se han cometido, especialmente en México, donde tantos ilícitos ocurren sin que las autoridades policiacas ni las procuradurías muestren capacidad para, ya no digamos evitar, sino perseguir y castigar a los responsables, que sólo en un dos por ciento de los casos resultan sentenciados.

Los delitos que se imputan a los detenidos son delincuencia organizada, terrorismo, tráfico de personas y operaciones con recursos de procedencia ilícita (lavado de dinero). Por ese absurdo chorizo de acusaciones permanecen bajo el inconstitucional arraigo los mexicanos José Luis Kennedy Prieto, Gabriela Dávila Huerta o Gabriela de Cueto, la canadiense Cynthia Anne Vanier o Cynthia Anne MacDonald Grau y el danés Pierre Christian Flensborg (la incertidumbre de algunos nombres es cortesía del Ministerio Público, pues siempre que se equivocan sus mecanógrafos no se hacen correcciones sino agregados, lo que hace parecer que el detenido emplea más de un apelativo).

La pretensión que atribuye la Procuraduría General de la República a los cuatro presos es que querían meter en México al señor Kadafi. Para la proverbial ignorancia de las hordas panistas, resulta pecaminoso que lleguen a México personas de otros países y de ideología distinta a la mochería franquista de los azules. En este caso, ni siquiera se trata de un individuo al que pueda atribuirse una militancia de izquierda. Es el hijo de un populista islámico, de un dictador derrocado por su pueblo. Pero Saadi Kadafi es un perseguido político y eso es lo que importa.

Para la tradición mexicana de asilo político, importa poco si el perseguido es de uno u otro color político. México abrió sus puertas a los republicanos españoles y a antifascistas de casi toda Europa, pero también a numerosos cubanos anticastristas. Aquí se recibió al rey Carol de Rumanía, destronado por los fascistas, pero también a no pocos gobernantes latinoamericanos derrocados por golpes militares. Detener y procesar a quienes procuraban conseguirle asilo a un perseguido político ¾por la razón que sea¾ es un sinsentido histórico. Pero eso no lo pueden entender el gobierno panista ni sus policías políticos, que ignoran la historia de México y el significado de la dignidad.