La influencia de poderes fácticos

Alfredo Ríos Camarena

Sin duda alguna, nuestro país ha registrado un importante avance democrático en los últimos veinte años; el funcionamiento autónomo del Instituto Federal Electoral (artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos), así como la institucionalización del Tribunal Electoral, como un órgano especializado del Poder Judicial de la Federación (articulo 99 constitucional), impulsaron nuevos vientos que han perfeccionado la democracia formal; el avance ha sido notable, a pesar de que en otros rubros, como la inequidad social, la inseguridad y la falta de desarrollo educativo, no han podido complementar este asenso social; el rezago es astronómico.

En este año electoral, surgen nuevos elementos emanados de la realidad social y de la aplicación ¾por primera vez en comicios presidenciales¾ de la reforma electoral, que ponen en peligro el pleno ejercicio democrático.

Estas nuevas circunstancias están condicionadas por el desarrollo de los denominados poderes fácticos, pues a los tradicionales factores reales del poder, se ha agregado, lamentablemente, una nueva fuerza originada y desarrollada por el crimen organizado, cuya influencia económica y territorial, a pesar de su ominoso signo, no podemos negar.

Las mafias criminales influyen a través de diferentes formas, entre las que destacan: la compra de precandidatos y candidatos, apoyándolos financieramente, lo que puede y debe vigilar el IFE, aunque quizá no tenga los elementos para hacerlo, pues quien debe garantizar que no exista dinero sucio en las campañas deben ser también las autoridades federales en la materia (Procuraduría General de la República, la Secretaría de Gobernación, Secretaria de Hacienda y Crédito Publico, Secretaria de Seguridad Pública, de Marina, de la Defensa Nacional, etcétera); la otra forma de incidir del hampa es extorsionando, amenazando, chantajeando a precandidatos y candidatos, para que acepten o renuncien a su participación en los comicios, y más aún, actuando de forma violenta e ilegal, perpetrando secuestros y homicidios, como lo vimos en Tamaulipas y en la Piedad, Michoacán. Sin embargo, este elemento, sin duda distorsionador, no puede ser pretexto para que el gobierno panista pretenda anular elecciones que no le favorezcan.

Ante ello, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación acaba de cometer una pifia terrible, no porque haya anulado las elecciones municipales de Morelia, sino por los razonamientos que ofreció para dar tal paso, que consisten básicamente en los calzones de un boxeador, que en una pelea fuera de México, decidió, motu proprio, ponerse un logotipo del PRI, como lo hacen millones de militantes sin ninguna consecuencia; a partir de ahora los partidos políticos podrán pagar a deportistas para que se pongan los logotipos de otros partidos, para así anular las elecciones; el razonamiento no sólo es absurdo, desde el punto de vista jurídico, sino francamente ridículo, más aún cuando se dio a conocer el 28 de diciembre, día de los inocentes. Pero este botón de muestra requiere un análisis más amplio, pues abre una sombra ominosa sobre la imparcialidad y la certeza a que están obligados los integrantes de las instituciones electorales federales; con muchas más razones de lo que pasó en Morelia, este mismo Tribunal debería haber anulado las elecciones que le dieron el triunfo electoral al presidente Calderón.

Otro factor de distorsión y de guerra sucia lo constituyen parte de las Iglesias, particularmente la católica, que están obligadas a respetar la Constitución, concretamente el artículo 130, pero no lo hacen; los curas se han salido de los confesionarios para tratar de meterse en los asuntos políticos de la nación, lo hacen cotidianamente desde el púlpito y desde sus órganos de comunicación, y más aún, los grandes monopolios televisivos les hace eco; asimismo, la visita del Papa una semana antes de que inicien formalmente las campañas presidenciales, sin duda, tendrá efectos en la elección.

El dinero de banqueros, empresarios, industriales y comerciantes, será otro factor, que bajo la mesa, y seguramente en forma ilícita, tratara de influir en el resultado final electoral.

Otra influencia externa importante será la política económica de Estados Unidos y los pronunciamientos que se realicen en la campaña presidencial de ese país, cuyos comicios se celebraran también este año; las políticas económicas globales serán una condición sine qua non, que tratarán de imponer, cueste lo que cueste, al próximo vencedor de las elecciones presidenciales.

Un efecto más que cobra importancia trascendental en este momento es la influencia que tendrán las redes sociales de Internet, cuya expresión no está regulada, por lo que en este escenario, particularmente en Twitter y Facebook, van a arreciar los ataques más violentos y mezquinos, pero también las reflexiones más abiertas y democráticas; este factor influirá en los votantes que no tienen definido su voto y cuya principal conciencia se encuentra en los jóvenes indignados.

La realidad es que apenas estamos empezando este capitulo que afecta el proceso democrático y el destino del país.