Némesis pedagógica

Francisco Javier Estrada

Parece que es necesario regresar a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, al día 3 de diciembre del año pasado, pues todo mundo ha hablado de los tres libros que debería de recordar Enrique Peña Nieto, y muy poco de lo que por mucho sucedió en los tres espacios abarrotados por jóvenes, adultos y ciudadanos de la tercera edad. Es decir, se trata de tapar el sol con un dedo.

Y si bien, la nota de los tres libros fue el motivo más atendido por comunicadores en general, no está por demás citar lo que cronistas y reporteros debieron decir, para ubicar todo en el contexto de la pasión política que le sigue a Peña Nieto por donde va, a quien es sin duda el mexiquense más conocido en estos tiempos del México contemporáneo.

Debo recordar que en dicha cita de la FIL, al señalar lo difícil que es la transportación de autos en la capital de Jalisco expresó, sin ser una propuesta de campaña, que de llegar a la Presidencia del país pondría sus mejores acciones para crear nuevas vías de comunicación en el interior de la perla tapatía, y así darle más fluidez a la transportación urbana. Esto desató una cantidad elocuente de aplausos, y el afecto de los asistentes, que en su enorme mayoría eran ciudadanos de Jalisco, que aprobaban la necesidad de transformar en buen número de avenidas y calles su gran ciudad.

Fue una fiesta su presencia, y de ello no se habla por mala fe, o porque en pregunta al bote pronto, se le tomó de sorpresa y ya sabemos del resultado; no se informa de todo lo sucedido, del elocuente entusiasmo de los asistentes por la presencia del mexiquense; tal hecho no está retratado en la presencia de Peña Nieto, pues en poco más de una hora que estuvo en la FIL el aplauso y el apoyo al mismo dejaba en la gris presencia a los demás aspirantes que también presentaron algún libro de su autoría. Ni existe un serio relato de los tres aspectos que explicó ante los presentes como la tarea principal que un nuevo gobierno debe tener en estos momentos de unidad: de eficiencia administrativa en el gobierno y de lucha a la delincuencia, con propuestas que aborden el necesario empleo y la modernización de la economía del país.

Por eso ahora que reflexiono en estos tiempos que vive el ex gobernador mexiquense, veo por ejemplo que no se ha destacado lo suficiente la obra cultural que ha sido la más sobresaliente en estos años del siglo XXI para la entidad del centro del país. Por principio, la edición de las colecciones de la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, que es con mucho la mayor y más bella edición en muchas décadas en este territorio. Pero no lo es menor este esfuerzo, si consideramos que con dicha biblioteca se ha podido llegar ¾durante su gobierno¾ a asistir a las más importantes ferias del libro no sólo del país sino del mundo hispanoamericano.

Es de lo que no se habla, y se llega al paroxismo en contra del precandidato del PRI a la presidencia del país, el señalar que de llegar a ser presidente de México no habrá avance en la cultura, y que artistas, intelectuales y académicos no van a tener ningún aliciente y todo será catastrófico en el tema del arte y el intelecto, como lo firmaran en una carta a La Jornada el poeta tan querido y admirado Enrique González Rojo Arthur y varios más. Mentira, pues basta con atender que nunca el Estado de México había estado mejor representado en la FIL, la más importante feria hispanoamericana del libro, por encima de la de Madrid, Barcelona o de Buenos Aires y Bogotá. Ninguna feria de libros es más importante que la FIL, y ésta sólo está atrás de la de Frankfurt, en Alemania. Se debe decir con orgullo que el Estado de México tuvo en el sexenio de Peña Nieto su mejor presencia de los 25 años que tiene de existir esta feria.

Así que pensar en lo que ha representado el Pabellón Estado de México, con la presencia de ediciones de instituciones como la Unidad Autónoma del Estado de México, Colegio Mexiquense, Universidad de Chapingo, Instituto Mexiquense de Cultura, Instituto Electoral del Estado de México, de las diversas colecciones de la propia Biblioteca del Bicentenario, y varias editoras independientes, como el Centro Toluqueño de Escritores; Norte-Sur de Pedro Salvador Ale; Cofradía de Coyotes, de Eduardo Villegas; Casas del Poeta A. C.; tunAstral, de Roberto Fernández Iglesias, y muchas más; que han podido así representar el mundo dinámico de los escritores de esta entidad con libertad y creatividad. Quienes conocemos la FIL de Guadalajara sabemos que no es fácil destacar en este mundo de libros y autores, de editores y diseñadores. Y el Pabellón Estado de México es ya un espacio ganado que seguramente en el presente, y el futuro cercano no se ha de perder.

Son las obras las que hablan por Peña Nieto, no el mundo ficticio que le tratan de crear sus adversarios, o la gente buena, que peca ¾sin querer¾ de ignorancia sobre lo que hizo Peña Nieto en seis años de gobierno. Las obras y los hechos hablan por los hombres. Y de ello da muestra que durante tres años se entregó en la entidad la cantidad de 250 mil dólares sin hacer prácticamente ruido alguno. Pues mientras el Premio Jaime Sabines que se entrega por obra publicada por una cantidad de 300 mil pesos de manera anual, por parte del gobernador Juan Sabines en el estado de Chiapas, dándosele toda la publicidad posible; aquí en los últimos tres años del gobierno de Peña Nieto, la entrega de miles de dólares fue una práctica que a escritores en los géneros de ensayo, poesía, cuento, relato, narrativa y dramaturgia, les hizo sentir que en territorio mexiquense existía el reconocimiento cierto a su labor como escritores nacionales. Cerca de 70 escritores ¾y esto porque en algún caso se declararon desiertos ciertos premios¾ pueden dar prueba de que en el gobierno del originario de Atlacomulco hubo aprecio y afecto a su labor. Los libros publicados de dichos premios están a la vista de todos nosotros. Pregunto: ¿qué estado del país se puede ufanar de ello, tal como lo hacemos quienes vivimos en tierras mexiquenses?

Libros al por mayor, en colecciones que comparadas en todo el país no tienen igual. Premios literarios en precios de miles de dólares que se entregaron con gran orgullo a los escritores de esta entidad. Por fin estamos en el mapa importante de la literatura del país, pues no sólo la FIL de Guadalajara y Minería, o en los premios literarios como el Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes, el de Nuevo León con el Alfonso Reyes, o el de Chiapas con el Jaime Sabines, y el de Tabasco con el Carlos Pellicer. Con Peña Nieto nuestra entidad se puso a tono en las ferias del libro, y también proponiendo grandes premios anuales.

Seguido voy a la ciudad de México, y en la capital del país, me encuentro con artistas de todo tipo, pintores y escritores, escultores y músicos, y cuando llegamos a hablar del tema Peña Nieto, no pueden sostener que el ex gobernador de nuestra entidad haya dejado a un lado la cultura. No, pues cuando se enteran del enorme Centro Cultural del Oriente-Bicentenario ubicado en Texcoco, que se inaugurara a pocos días antes de terminar su periodo como gobernador; dando muestra con ello de hacer el pago histórico al Valle de México y su poblada urbanización 23 municipios de ese Valle.

He visitado varias veces este centro cultural, que tiene la medida que se merecen el oriente y norponiente de la entidad. Su enorme biblioteca y museo antropológico, su auditorio al aire libre. Su espacio para decenas de talleres de todo tipo. Su hermosa sala de conciertos, sala de ensueño, que yo que he amado en Toluca al Centro Cultural Mexiquense desde su creación, en abril de 1987, no puedo menos que sorprenderme en su concepción. Quienes por ignorantes no sepan de la obra que en seis años se hizo para el mundo cultural, bien deberían investigar si han de querer seguir hablando por mala fe o por falta de información al respecto de la obra cultural del precandidato del PRI.

Con Peña Nieto, la creación de nuevas instituciones fue un hecho relevante, por ejemplo, la creación del Museo Torres-Bicentenario, incluida la construcción de esas dos torres radiantes que reciben a los que llegan a la capital del estado hoy en día. La habilitación del Parque Ambiental Bicentenario que se recuperó de manera importante, después de que gran cantidad de hectáreas fueran el espacio de la XXII Zona Militar ubicada en Toluca, Zona Militar que se fue para Santa María Rayón en la actualidad; o la creación de la Biblioteca-Centenario, en Metepec, recuperando el parque también como zona ambiental de muchas hectáreas. Mucho hay que contar de la obra cultural, y también de la educativa.

Sí que harían algo bueno los bien pensados en buscar en la obra de gobierno de seis años del mexiquense para hablar con los “pelos del burro en la mano”, porque he de decir que en ciudad de México se quedan mis amigos o conocidos de las artes y las letras con los ojos abiertos; tan abiertos, que no pueden creer que nuestro ex gobernador tenga en sus manos las obras ya realizadas de una política cultural que, como vemos, poco cacareada ha sido, pero de gran importancia nacional.

Para qué decirles que donde se derrumban por su falta de información sobre la obra de Peña Nieto es cuando se les enseñan los libros, en ediciones de lujo, o aquellas de poesía con los nombres de Dolores Castro, Carmen Rosenzweig, Hugo Gutiérrez Vega y tantos gurús de las letras de nuestro país.

Por eso digo que “obras son amores” y no cuentos del Internet, Facebook o el Twitter, tan alabados por la moda cultural y de comunicación que vivimos. Como ahora con tanta banalidad vemos y leemos. “Cultura ligera” de la que habló hace poco Carlos Fuentes en entrevista con Sergio Sarmiento, al reconocer que los mexicanos no debemos de creer que ahí se firma para ahora, y para siempre, la seriedad del conocimiento humano, cuando de responsabilidad y seriedad de investigación se refiere sobre tal o cual tema.