Distinguida maestra, Premio Nacional de Derechos Humanos, presidenta de la asociación Alto al Secuestro, mujer valiente, honrada y admirable.

Sin embargo, la decisión panista de hacerla su candidata a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal tiene muchas interrogantes que resolver:

1.- Es evidente el miedo fundado y la desesperación de Felipe Calderón y del PAN de seguir acumulando derrotas, una tras otra, recordemos lo de Luis Felipe Bravo Mena en el Estado de México, lo de “la hermana incomoda” Luisa María Calderón en Michoacán, sólo por mencionar dos ejemplos. Los precandidatos panistas no calientan ni una tortilla.

2.- Se olvidaron de aquellos tiempos cuando criticaban al PRI por antidemocrático, del dedazo presidencial y de la cargada. Ahora todo esto se lo debemos preguntar a los demócratas José Luis Luege, Demetrio Sodi, Mariana Gómez del Campo, Gabriela Cuevas, Carlos Orvañanos, ya que después de varios meses de precampañas el gran dedo democrático de Los Pinos los hace a un lado.

3.- Otro tema para resolver es si doña Isabel es la persona idónea que necesita el Distrito Federal para ser gobernadora los próximos 6 años; yo quisiera imaginármela resolviendo los grandes problemas que nos aquejan de carácter político y administrativo, por ejemplo: mercados, transporte, vialidad, basura, drenaje profundo, seguridad, educación, salud.

Se podría convertir en una buena candidata y mala gobernadora al igual que Vicente Fox en un momento de triste recuerdo. Ella debería tener claro que no se puede gobernar sólo con “buenas intenciones”.

Con esta candidatura, la sociedad civil pierde a una excepcional luchadora social, con la esperanza que de la nada sea una excelente política y que sirva a la comunidad.

Después de este aval que le dieron en su destape los precandidatos panistas al dedazo, que Josefina, Santiago y Ernesto no se extrañen si por los mismos motivos el Distrito Federal les aplica la misma medicina y el gran elector azul sale con un candidato presidencial ciudadano.

Como muestra basta un botón.

 

El Justiciero