Cifras maquilladas de Calderón

Humberto Musacchio

¡Ay, pueblo ingrato! En lugar de quejarnos por la matanza, la guerra contra el crimen organizado, el desempleo, los bajos salarios y el estancamiento económico, hay que celebrar los fracasos y convertirlos en victorias, así sea en la fantasía personal, y seguir en este punto el camino marcado por el ocupante de Los Pinos.

Por ejemplo, mientras que los damnificados de la política económica ¾que son la mitad de la población¾ viven en el submundo del desempleo, los bajos salarios y la incontenible carestía, el señor Felipe Calderón considera que aumenta en forma incesante el poder adquisitivo y lo demuestra, es un decir, señalando que crece también la venta de automóviles y casas.

Pero tan monumental éxito no sólo ha traído bendiciones. Los mexicanos ganan tanto dinero que ya no encuentran en que gastárselo y optan por comprar drogas prohibidas. La prosperidad debe ser inmensa, pues el mercado nacional de estupefacientes se triplicó entre 2002 y 2008 y el porcentaje de la población que consume alguna sustancia prohibida pasó en el mismo lapso de 0.4 a 1.4 por ciento, de acuerdo con las cifras Max Factor que se manejan oficialmente.

Lo anterior, que en cualquier parte sería el testimonio irrebatible de una derrota gigantesca, el señor Calderón Hinojosa lo considera una prueba contundente de buen gobierno y del éxito que han tenido sus políticas, pese a que cada día caen más jóvenes en manos de los criminales, ya sea como clientes o como carne de cañón, gente dispuesta a ser reclutada por quienes ofrecen los empleos que niega la economía formal.

La guerra de Calderón, que muchos mexicanos sólo vemos como una larga y sangrienta cadena de fracasos, para el ocupante de Los Pinos es un hermoso ramillete de aciertos, la prueba contundente de que por ese camino vamos bien, pese a que se incrementa la violencia, la delictiva y la gubernamental, y cada día se documentan nuevos abusos contra ciudadanos pacíficos y groseras violaciones a los derechos humanos.

Ah, pero ya se cuenta con un mapa de la violencia que nos permite saber en qué ciudades están peor las cosas y dónde operan las mafias, lo que coincide con las áreas del país donde están los mercados más competitivos, como Monterrey, Ciudad Juárez, Reynosa o Matamoros y ahora Cuernavaca, Acapulco y Veracruz.

Ya se sabe todo eso. Ahora resta crear empleos, poner la economía a crecer, darle opciones a la gente y aplicar la ley con eficacia, pero eso será cuando acabe este malhadado sexenio y llegue a la Presidencia de la República alguien que sepa con qué se come eso que llaman gobierno.