Ricardo Muñoz Munguía

Octavio Paz menciona sobre poesía que el creador de versos “establece un diálogo con el mundo; en este diálogo hay dos situaciones extremas, dentro de las cuales se mueve el alma del poeta: una, de soledad; otra, de la comunión. El poeta parte de la soledad, movido por el deseo, hacia la comunión. Siempre intenta comulgar, unirse, ‘reunirse’, mejor dicho, con su objeto: su propia alma, la amada, Dios, la naturaleza… La poesía mueve al poeta como el viento a las nubes quietas: siempre más allá, hacia lo desconocido”. Y Jorge Asbun Bojalil se centra en convertir su presencia en un ser que es testigo de la fe, del amor, del gozo, en medio de la vida que es noche y es luz.

Imágenes instantáneas arrancadas del espacio nocturno, que vienen del tiempo, del silencio, de una presencia amorosa que también es voz, de la vida…, la que el poeta delinea en figura de un mundo extrañamente particular empapado con la sustancia de la pasión, del encanto, de la esperanza. De ello es de lo que está construido Intervalo poético, de Jorge Asbun Bojalil (Ciudad de México, 1977). Destellos que franquean la cotidianidad para darle presencia a la palabra, como atinadamente lo menciona Dolores Castro en la Introducción del volumen que hoy nos ocupa: “La palabra como sombra y luz en el destino del hombre, del hombre que quisiera tener ‘alas y piernas/ garras y aletas’ para fundirse con la naturaleza y expresarla en su hermoso vórtice y vertiginosa sucesión en avance y regreso al origen, en el nuevo nacimiento y alegría vital, en imágenes alucinantes por su dinamismo, mientras el poeta espera, siempre espera que llegue el poema ‘lo sé

—dice— siempre lo he sabido’”.
En el panorama mostrado por el autor de los poemarios Retorno al Inicio e Itinerario de viaje no sólo describe diversos rostros de seres que pertenecen a su vida e imágenes arrancadas de la memoria, sino que con su música entre versos sembrada a lo largo de las páginas es meter la cuña a las piedras de la solemnidad para así no sólo aligerar el andar del lector por este volumen sino también enriquecer de algún modo el ejercicio creativo. Por otro lado, los versos estructuran poesía visual y los espacios entre palabras y líneas hacen de las imágenes los sentidos.

En Intervalo poético es alzar la vista a un cuadro donde los elementos rebasan los bordes, es permitir la sonrisa en medio de la llaga: “Moronas de unos otros llegan a la boca/ mezclan de marzo y mayo este abril/ el sol se acerca demasiado a su noche/ y no brilla sino el ácido verdoso del dolor”.

Un libro breve, de breves poemas. Y valioso por su claridad y exacta construcción.

Jorge Asbun Bojalil, Intervalo poético.
Literalia editores, México, 2011; 87 pp.