René Anaya

Es posible que por fin se haya encontrado una sustancia que pueda combatir el sobrepeso, como lo hace el ejercicio, pero sin el esfuerzo y disciplina que este requiere; además, no tendría los graves efectos secundarios que las actuales píldoras para bajar de peso ocasionan, ya que se trataría de una sustancia que el propio organismo produce.
Por supuesto que no es otro de los “productos milagro”, que recientemente se prohibió sean promovidos en los medios de comunicación, sino de una hormona que se produce de manera natural durante el ejercicio, la cual mejora el procesamiento de la insulina, quema calorías y tal vez aumenta la fuerza muscular.

El laboratorio humano

Como otras sustancias descubiertas en el último tercio del siglo pasado en el organismo humano, la hormona irisina podría pasar a formar parte del arsenal terapéutico para combatir enfermedades o, por lo menos, se contaría entre las sustancias producidas por el “laboratorio humano” para tratar de preservar la salud, como las encefalinas, las endorfinas, los cannabinoides, la adiponectina y todas las hormonas ya conocidas, así como las prostaglandinas.
Esta hormona, que aumenta su producción con el ejercicio, recibió el nombre de irisina en honor a la diosa Iris de la mitología griega, que se representaba como el arcoíris, la cual fungía como mediadora o mensajera entre los dioses y los mortales. Según sus descubridores, el ejercicio parece enviar mensajes, por medio de irisina, a varios tejidos del cuerpo humano.
El biólogo celular Bruce Spiegelman, al frente de un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard y del Instituto de Cáncer Dana-Farber, de Boston, descubrió la hormona irisina, que puede modificar el tratamiento de enfermedades metabólicas, según informó en un artículo publicado en la edición electrónica de Nature.
La hormona contribuye a transformar la grasa blanca (reserva de calorías en exceso, que constituye la quinta parte del peso corporal en hombres y la cuarta parte en mujeres), en grasa parda, cuya función es proporcionar energía al organismo y elevar la temperatura corporal. En otras palabras, la irisina podría contribuir a quemar la grasa corporal que se acumula en el organismo, de tal forma que podría haber una reducción de peso en el ser humano.
En el estudio, los investigadores administraron pequeñas cantidades de irisina a ratones, los cuales perdieron algunos gramos en los primeros días del tratamiento; asimismo, ciertos genes que intervienen en la alimentación de las células se activaron, de tal forma que se observaron modificaciones similares a las que se tienen en ratones que hacen ejercicio. Los autores del estudio observaron un aumento de 65 por ciento en la concentración de irisina en sangre, después de someter a ratones a correr en una rueda durante tres semanas. Esto corroboró que los beneficios del ejercicio se deben a la mayor producción de esa hormona.

Promesa de mejores terapias

El investigador Bruce Spiegelman y sus colaboradores realizaron un experimento semejante en muestras de tejido muscular de voluntarios, a quienes se les midió los niveles de la hormona en sangre antes y después de diez semanas de entrenamiento físico supervisado. Se encontró que la concentración de irisina en sangre se duplicó, en comparación con los niveles en personas que no habían hecho ejercicio.
El estudio no solamente demostró que la hormona contribuye, en los ratones, a bajar de peso; también se detectó que al parecer la irisina reduce los daños que causan las dietas altas en grasa, por lo que protege a los ratones contra la obesidad y la diabetes, que son causadas por ese tipo de dieta.
“Tenemos la esperanza, aunque no hay pruebas, de que esta hormona pueda incorporar algunos de los otros beneficios del ejercicio, tal vez en el sistema neuromuscular”, ha señalado Spiegelman, quien adelantó que tal vez podría ser utilizada en la distrofia y atrofia musculares, padecimientos caracterizados por debilidad de los músculos y por disminución de la fuerza y masa muscular, respectivamente.
Por su parte, Sven Enerbäck, genetista especializado en los problemas relacionados con la obesidad, de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, ha considerado que el trabajo es un descubrimiento muy importante, porque potencialmente puede generar nuevos tratamientos para la obesidad y la diabetes tipo 2.
Una opinión semejante ha expresado el endocrinólogo Jeffrey Flier, decano de la Escuela de Medicina de Harvard, quien refirió que “aunque todavía queda mucho por aprender acerca de la acción de la irisina y su estatus en seres humanos con diversas enfermedades, este trabajo tiene el potencial de cambiar lo ya establecido dentro del campo de las enfermedades metabólicas”.
Por lo pronto, los investigadores harán nuevos estudios para determinar tanto la dosis que se requerirá para combatir esas enfermedades, como los efectos secundarios que pudieran causar. Al mismo tiempo, Spiegelman se ha concentrado en producir la irisina sintética, proyecto que podría tardar muchos años, según los expertos en endocrinología.

reneanayas@yahoo.com.mx