Entrevista a Cecilia Cung/Autora de Jirones de silencio

 

Eve Gil

Jirones de silencio, primer libro de la judeomexicana Cecilia Cung, es un verdadero acontecimiento editorial, sin apoyarse en una ruidosa campaña publicitaria: es una joya literaria que da a luz en una editorial pequeñita, Khálida Editores, creada por la prestigiada periodista Silvia Cherem, siendo éste apenas el tercer título publicado por este sello.

La edición de Jirones de silencio es bellísima, exquisitamente cuidada, como una gema. Es un placer tenerla entre las manos mientras se lee un texto que no desmerece en lo absoluto con su presentación física.

La influencia de María Luisa Puga

Pero, además, se trata de un libro sin género. No es propiamente una novela (aunque no sería incorrecto anunciarla como tal); tampoco un libro de crónicas o de memorias. Por poco es un thriller, y es que el autor sigue, emocionado, las mismas huellas que la protagonista, la propia Cecilia, decidida a reconstruir un pasado familiar que por doloroso ha sido prácticamente enterrado. Va hallando en el trayecto de su narración, la cual, señala, trabajó en el taller de la inolvidable María Luisa Puga (1944-2004), una de las más notables narradoras mexicanas del siglo XX.

“Nadie es completamente puro —señala Cecilia, mejor conocida por sus amigos como Chila— Con solo vivir, constantemente recibimos influencias de las personas, de lo que vemos y escuchamos, y también de las lecturas.”

De María Luisa Puga, señala Cecilia, le vino la seguridad para escribir un libro sin preocuparse a qué género pertenecía: “Ella me transmitió su libertad y el respeto de no encasillar para apegarse a las normas de la escritura. En mis escritos anteriores a María Luisa, ya se perfila mi estilo personal, a veces me preocupaba, cuestionándome si era el correcto. Me dio seguridad y confianza, y me alentó a seguir siendo yo.”

“Esta historia quiso salir por sí misma hace 18 años. Salió a chorros de mi inconsciente, me presionó para que no la dejara yo en el olvido —señala la también maestra cofundadora de una escuela judía con sistema Montessori—. En el proceso de escribir el libro, tuve que hacer un gran esfuerzo por recuperar memorias, sobre todo darle voz al silencio con mis sentimientos, sensaciones, vacíos, y la necesidad de recuperarme.”

Hija de padres lituanos, perteneciente a una de las primeras generaciones de judíos prófugos del exterminio nazi nacidos en la ciudad de México, Cecilia tuvo una infancia no demasiado distinta a la de cualquier niña mexicana de clase media, con una nana bien intencionada que la llevaba a escuchar misa sin que nadie protestara.

A pesar de vivir en medio de lo que ella misma denomina “el lento aniquilamiento de la identidad”, pero como la gran mayoría de los judíos —y por fortuna la madre de Cecilia decidió no ser la excepción— termina haciendo un esfuerzo mayúsculo para recuperar parte de esas raíces y aferrarse a ellas.

Sin duda, escribir Jirones de silencio, a partir de los desdibujados recuerdos de su madre y una serie de datos sueltos que representaban una especie de rompecabezas, debe haber resultado muy arduo para Cecilia, cuyos orígenes se encuentran en un pueblo lituano llamado Palanga, en el que fueron exterminados todos los judíos que no consiguieron salir, y donde hoy se les recuerda con un monumento amorfo que no casi banaliza el horror de lo ocurrido.

El silencio

“El nuestro —dice Cecilia— es un silencio enorme y monstruoso. Nos acompañó durante muchísimos años, vacío de palabras y relegado a un rincón para que no hiciera daño ni ruido, hasta este momento en que rompí el tabú de no nombrarlo. Sin embargo, su presencia fue constante, y tal vez se convirtió en parte de nuestra normalidad, como si fuera un traje pegado a la piel.”

Cuando inició la escritura de este libro, sin embargo, no Cecilia tenía intenciones de escribir “la historia de mi familia, porque era algo personal y sin interés, ni siquiera para mi propia familia. Esta historia quiso salir por sí misma hace 18 años. Salió a chorros de mi inconsciente, me presionó para que no la dejara yo en el olvido. En el proceso de escribir el libro, tuve que hacer un gran esfuerzo por recuperar memorias, sobre todo darle voz al silencio con mis sentimientos, sensaciones, vacíos, y la necesidad de recuperarme.”

“Volver la cabeza para buscar el pasado es algo normal que hacemos o deberíamos hacer. Saber de dónde venimos es tan importante como saber hacia dónde vamos. El pasado es parte de lo que somos. Nos forma y nos dice quiénes somos. Para mí, simboliza la memoria y la responsabilidad que tenemos para con nuestros hijos de transmitirles nuestras historias.”

Después del viaje realizado a Palanga hace algunos años, junto con sus hermanos e hijos y, naturalmente, su madre, que para entonces era ya una anciana, Cecilia se ha dado el lujo de regresar a ese lugar donde están enterrados los muertos de su familia: “He regresado a Palanga infinidad de veces. Esos dos viajes fueron de búsqueda. Encontrar lo desconocido y lo ignorado. En Palanga lo encontramos, en Polonia, definitivamente nada. Con los pensamientos, con los recuerdos, y nada más. Ya no tengo nada más que buscar ahí. No pienso volver a Lituania.”

Pregunto a Cecilia Cung en qué trabaja actualmente: “Por el momento no tengo ningún proyecto en puerta. Jirones me drenó emocionalmente. Necesito un descanso. Tengo escritos varios cuentos para niños y para adultos que quisiera terminar. ¿Cuándo? No sé. Voy a esperar un poco para retomarlos.”

 

www.trenzamocha.blogspot.com