Ricardo Muñoz Munguía

Las líneas del color corren de manera paralela con las líneas del poema. Y la sensación provocada por cada una de ellas parece atravesar por un mismo ducto. La estética que ello provoca en el ser, tiene que ver tanto con lo que se admira como con lo que se rechaza. Así, por ejemplo, la fiesta taurina —que tantas voces ha alzado a favor y en contra— tiene cabida de atracción con sus dos polos en el artista, como el mismo Rafael Canogar lo señala en el libro que hoy nos ocupa: “lo que más me impactó de la fiesta (brava) es su color, color y belleza; lo que más me desagrada es quizá la lidia misma: las vejaciones a un animal bellísimo, estampa de fuerza y poder saliendo del toril, piltrafa después, arrastrado por las mulillas”.

Poeta, historiador y crítico de arte, Miguel Ángel Muñoz (Cuernavaca, Morelos, 1972) dedica gran parte de su quehacer, como lo vemos en varios de sus libros y artículos periodísticos, al ensayo sobre artistas plásticos. Justo es reconocer el conocimiento y la disciplinada labor de Muñoz para dar un amplio mosaico del arte plástico que, sin duda, abre el interés y nutre el conocimiento del lector.

Al ubicarnos frente a una obra plástica nos puede suceder la pregunta ¿de qué está hecho este artista? La respuesta, para este caso, sobre Rafael Canogar (Toledo, España, 1935), nos la da el volumen que Miguel Ángel Muñoz conjunta una serie de artículos del pintor español. En distintas partes de Espejismo y realidad. Divergencias estéticas, Canogar habla hondo sobre pintura y otros pintores y, por otro lado, enmarca su pasión por el arte plástico que lo palpa desde su infancia, la transformación del arte a través de los años, los viajes que le sirvieron de alimento artístico, su identificación con Madrid, sobre el grupo El Paso, del que fue fundador y del cual una referencia obligada entre el arte español es precisamente este grupo.

Rafael Canogar, Espejismo y realidad. Divergencias estéticas (Edición y comentarios de Miguel Ángel Muñoz). Síntesis, España, 2011; 202 pp.