Carmen Galindo
Todo empezó cuando la ley Alto a la Piratería en Línea (la Stop Online Piracy Act que se conoce, por sus siglas en inglés, como SOPA) fue presentada el 26 de octubre de 2011. Esta propuesta legislativa, que por cierto ya fue retirada en espera de mejores tiempos, léase no electorales, la presentó el diputado republicano Lamar Smith, de Texas, para ser estudiada y eventualmente aprobada en la Cámara de Representantes. Rupert Murdoch, el magnate de los medios de comunicación, que apoya la ley, advierte con tono acusatorio, que diputados y senadores han comenzado a deslindarse de la iniciativa.
La otra ley en el mismo sentido, es el Acta para prevenir amenazas en línea a la creatividad y propiedad intelectual (Preventing Real Online Threats to Economic Creativity and Theft Intellectual Property Act y se abrevia con el acrónimo de PIPA), una propuesta legislativa del senador demócrata Patrick Leahy, de Vermont, que se presentó en el Senado de los Estados Unidos.
Gigantomaquia: Hollywood contra Silicon Valley
Estas leyes fueron recibidas con beneplácito (y seguramente impulsadas) por la Asociación Cinematográfica, la Asociación de la industria discográfica y la Cámara de Comercio de Estados Unidos.
A estas cúpulas empresariales respondieron, oponiéndose a los proyectos legislativos, otros gigantes, como Wikipedia, Google, Yahoo y Twitter. Pero sin duda, lo más sorprendente fue la respuesta de los usuarios, pues más de 10 mil páginas web se sumaron a la protesta y se realizaron movilizaciones en Nueva York, San Francisco y Seattle. Anonymous, un grupo de ciberactivistas, ha hackeado diversos sitios, desde el FBI hasta la Secretaría de Gobernación de México.
El miércoles 25 de enero, la enciclopedia Wikipedia, en su versión en inglés, (se puede consultar en 282 lenguas) no permitió el acceso con una pantalla negra como protesta. Ese mismo día, Google cubrió su logotipo con una placa igualmente negra. Tanto Google, como Twitter, que por cierto no suspendió su portal, invitaban a los millones de usuarios a “apremiar al Congreso a votar en contra” de la ley antipiratería.
Cuestión de ganancias
El cierre de Megaupload, una red de intercambio de archivos, en Nueva Zelanda, y el arresto, por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, de varios dueños y empleados, acusados de violación de derechos de autor, pero también de extorsión y lavado de dinero, permitió a las autoridades revelar que las ganancia ascendían a unos 175 millones de dólares, además de 500 millones de pérdidas para los titulares de los derechos de autor.
Entre la quiebra y la democratización del conocimiento
El asunto no es sencillo. Los productores de películas, las disqueras y los editores de libros, revistas y diarios ven en riesgo la comercialización de sus productos, tarde o temprano acabarán, de continuar por el camino de la piratería, por quebrar y, por lo tanto ya no producirán filmes, ni videos ni música. Y cuando esto suceda, nadie sabe qué va a ocurrir.
La gente identifica a la Internet con la libertad de expresión y la derrota de la censura. Además del papel de las redes sociales en la caída de varios gobiernos, que habría que estudiar caso con caso, hay ejemplos más caseros. Uno reciente, en México, fue el del documental Se presume culpable que mientras se discutía si se retiraba o no de los cines, se podía ver en línea y tal vez este acceso tuvo que ver con que finalmente se autorizara su exhibición. pero sin duda lo más importante es que las páginas web, el twitter y facebook significan que todo mundo pueda hacerse escuchar y dejarse ver.
Adiós a las vacas sagradas
Es un golpe de muerte a los sabios, a los snobs, a los intelectuales, a los académicos, que eran dueños del conocimiento. Sin embargo, a esta especie de democratización del saber acompaña una fragmentación (se salta de una a otra dirección) que desorienta al propio conocimiento. Se ha perdido o hay una dispersión del canon; antes, una persona culta sabía algo de latín o griego, inglés o francés, historia, geografía, gramática, historia, filosofía y literatura. Hoy, ya nadie memoriza un dato (antes se atesoraban) porque puede recuperarlo con un clic. Comentario aparte merece que el tema de los chateos sea qué estoy haciendo o que, en fin, las páginas más visitadas sean las de Lady Gaga o las de otra cantante de cuyo nombre no puedo (ni quiero) acordarme.
Por lo demás, es una verdadera revolución. No hay conocimiento que uno quiera tener que no pueda tenerlo de inmediato. Y, por supuesto, no quiere nadie pagarlo. Los jóvenes, que son los más familiarizados con la internet, no quieren (ni tampoco queremos los mayores) pagar por acceder a ninguna página en la red. Sin embargo, como se dijo antes, lo fundamental es que permite expresarse, y eso creo que es lo más apreciado por todos los cibernautas.
El episodio mexicano
El pasado 15 de diciembre, el senador panista Federico Döring planteó, de modo similar, una ley antipiratería. Pero, por supuesto, no se lanzó contra los gigantes, sino contra los usuarios. Según él, se facultaría al Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual para que notificara a los que bajaran videos, series o filmes, de que esas obras estaban protegidas por el derecho de autor y en caso de reincidencia multar a los infractores hasta con un millón de pesos. Por eso, Anonymous hackeó por unas horas la Secretaría de Gobernación y tiene hackeado al senado mexicano. Sobra decir que con eso no obtendrán más votos.

