Ser presidenta

Raúl Cremoux       

En el equipo propulsor de ideas que tiene a su lado, la señora Josefina Vázquez Mota tiene en Antonio Solá a un mercadólogo conocido en México por haber construido el eslogan que mucho benefició hace seis años a Felipe de Jesús Calderón: López Obrador es un peligro para México.

La frase se nutría con imágenes de Fidel Castro y Hugo Chávez. Se añadían datos sobre la anticipada bancarrota del país y el crecimiento del populacho. A la gente decente no le gustaba que el país “cayera en manos del comunismo” y muchísimos que no pensaban votar por el PAN, el temor los llevó a cruzar la boleta electoral por ese candidato. Fueron semanas de polarización en el imaginario colectivo que nos proponía la lucha entre el bien y el mal.

Pasados los años ya podemos hacer un balance: los dos y hasta los tres para incluir a Roberto Madrazo no los merecíamos.

Doña Josefina ya ha dado muestra de lo que hará como candidato formal de Acción Nacional. En su discurso de aceptación gloriosa ha calificado al PRI como el enemigo a vencer. De López Obrador no se ha ocupado, pues seguramente la memoria le trajo el sabor de la victoria cuando su partido hizo alianzas para obtener los gobiernos en Puebla, Sinaloa y Oaxaca.

Hoy no se piensa en que esos dos candidatos formalizarían un frente común como para unir fuerzas abiertamente, pero, ¿qué puede ocurrir si al paso del tiempo se dan cuenta que en competencia directa ninguno puede alcanzar el triunfo? Como muestra actual tenemos que los panistas ven como candidato ideal a la alcaldía de Acapulco a ¡Zeferino Torreblanca, ex gobernador perredista de Guerrero!

Como sea, el perfil de Josefina candidata no será el mismo que cuando escribió una especie de best-seller mexicano: Dios mío, por favor, hazme viuda, ahora rogará a la Divina Providencia que la haga presidenta.

¿El cielo se abrirá para ella o será el diablo quien nos proteja ante un deseo semejante?

 

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