Némesis pedagógica

Francisco Javier Estrada

Ha pasado el 5 de febrero de este año, siendo domingo fue difícil que los mexicanos reflexionáramos en la importancia de esta fecha en nuestra historia grande. Fecha emblemática, así lo comprendieron los revolucionarios de 1910, que en Querétaro decidieron tomar esa fecha para promulgar también la Constitución que nació con artículos de gran avanzada: el artículo tercero, que es un programa de acción para el tema de la educación, artículo que ha permitido que no regresemos al pasado, donde unos cuantos leían y escribían.

“Los científicos” de esos tiempos, que fueron la compañía del dictador Porfirio Díaz, y que le daban consejos para que se reeligiera, pues no había nadie más capaz de gobernar para el país como él. El general vencedor de mil batallas, el hombre que había traído la industrialización a la patria naciente. Que había acabado con los brotes de violencia en el país.

En fin, el “Salvador de la Patria” que se daba el lujo de cambiar la fecha del “Grito de Dolores”, la madrugada del 16 de septiembre, con el sólo fin de juntarlo al 15 de septiembre porque era la fecha de su nacimiento.

Y eso es lo que nos ha pasado con los dos últimos gobiernos del panismo retrógrada e ignorante. Y seguramente los diputados de Querétaro le preguntaron al calendario si el 5 de febrero de 1917 no daba con el sábado, domingo, o quizá viernes o lunes, porque tenían que hacer su “puente turístico” y las cosas de la historia bien que podían esperar.

Con esta visión de la derecha en cuanto a las fechas de la historia nacional en casi 12 años han trastocado todo. Ya nadie recuerda el Primero de Mayo, fecha en que conmemoramos a los mártires de Chicago, pero que en la mente mercenaria y llena de máquinas de contar dineros, para los panistas es más importante que se logren puentes turísticos que son el dispendio de un dinero que muchas veces los mexicanos no tenemos.

La fecha del 5 de febrero es un asunto serio. Pero no se quiere poner atención a ello. Por eso es la derecha en voz de los diputados panistas, y algunos otros despistados de la izquierda o el centro político que tenemos, que piensan que se debe llevar adelante la reelección de diputados y presidentes municipales. Con ese garlito lo que se busca es que ya en nuestra Constitución, nacida del Congreso de Chilpancingo por parte de un político de tan amplia envergadura como lo fue don José María Morelos y Pavón.

En este caso el olvidar lo que el 5 de febrero de 1857 y el 5 de febrero de 1917 nos deben hacer recordar que las luchas del pueblo no han sido nunca para empotrar a una clase política que sólo desea los bienes para ella en todas las horas de nuestra vida política.

Convertir a un Estado que sólo se reconozca en aquellos que siempre tienen el poder político, y dejando a las grandes mayorías del pueblo como el “pajarito, nada más mirando”. La no reelección, como lo dijera don Jesús Reyes Heroles, no es un asunto de moda, ni una terquedad de unos cuantos, y sí la medicina necesaria para que una oligarquía quiera hacer de las suyas de aquí y para siempre.

Ahora que se festejó por los buenos gobiernos que aún nos quedan las fechas que protegen lo mejor de nuestra herencia constitucional, debemos reflexionar que sin ese legado jamás podremos salir de este tipo de gobiernos como el que hemos vivido por casi 12 años, que llaman ante nosotros con un cinismo y una terquedad deshonesta a olvidar las fechas, a aceptar ya como pueblo que los queremos siempre “reeligiéndose” con el apoyo de los dineros y la mercadotecnia necesaria para ello; y dejando a los mejores hombres de este pueblo que sí desean el cambio y la democracia, en una oportunidad de participación democrática, que no permita que “Los neocientíficos” de este tiempo, hagan de esta patria su reducto de un brahamanismo grosero y violento como ya lo vemos.

Conmemorar el 5 de febrero de 1857 y 1917 debería de ser un rito de iniciación en la creación de una clase política en verdad amante de esta patria tan mancillada, y no permitir por lo mismo que la historia de México se convierta, como así sucede en estados Unidos, en fechas que son para celebrar la vida, sin recordar lo que héroes y mártires hicieron en su momento para darnos una Constitución que nos hiciera un pueblo civilizado, democrático y progresista.

Por culpa de los malos políticos, que no son sólo de la derecha panista, es que México hoy encuentra en sus mejores fechas motivo de fiesta y ajenos, como lo escribo, a la reflexión sobre nuestro glorioso pasado.