Feria de desvergüenzas

Humberto Musacchio

Como una muestra de lo que podemos esperar del PAN en las próximas elecciones, su proceso interno para seleccionar candidato presidencial se caracterizó por la intervención descarada del gobierno federal, los golpes bajos, el espionaje telefónico, el robo de urnas, el regalo de despensas, la compra de votos, la coacción sobre empleados públicos y muchas otras formas ilegítimas e ilegales de buscar el triunfo.

Después de ver cómo se desplegaba esta feria de desvergüenzas, los mexicanos ya sabemos qué esperar, y los partidos de oposición, principalmente el PRI y el PRD, ya deben estar estudiando cómo impedir el despliegue de dinero público, de presiones y otras trapacerías en favor de los candidatos azules.

La elección interna del panismo muestra que la tradición priista del agandalle, las trampas y el derroche no es exclusiva del partido tricolor, sino que es un componente clave de la cultura política general que comparten otros partidos. Acción Nacional, que durante medio siglo se consideraba a sí mismo como el partido de “la gente decente”, llegó al poder y cayó en una profunda descomposición moral y política.

El PAN, con mayor o menor fidelidad, con mayor o menor éxito, ha copiado hasta el detalle de las viejas y sin embargo actuales formas de actuación del PRI. El viejo poder presidencial se halla muy menguado, pero todavía ha sido capaz de sumir al país en un baño de sangre que ha costado más de cincuenta mil vidas sin que los resultados justifiquen esa brutal matanza.

Las señales que envía el proceso panista son ominosas, pero ilustrativas. El Ejecutivo ha dado un empleo faccioso a su cascado poder y todo indica que recurrirá a cualquier medida para evitar el triunfo de la oposición para impedir que se persiga, procese y encarcele al responsable de la guerra civil en que estamos inmersos los mexicanos.

Pero hay otras cuentas que tendrá que rendir este gobierno, como la desaparición de Luz y Fuerza, el golpe antisindical de Mexicana de Aviación, la descapitalización y desnacionalización de Pemex o la venta a precios de remate de la mitad del territorio nacional a empresas mineras mexicanas y foráneas.

Lo bueno es que la intervención abierta de Felipe Calderón a favor de quien era su delfín ha terminado en un completo fracaso, pues no pudo imponer candidato en el ámbito donde debería tener mayor influencia, que es su propio partido. Y si no pudo imponerse en el PAN, menos lo podrá hacer en una elección nacional. Los días del panismo están contados.